Fin de curso

Acabo de ordenar todas  mis cosas.En mi mesa ya sólo quedan una carpeta roja y unos cuantos papeles.Serán los primeros en ser leídos a mi vuelta, allá en el lejano septiembre.Antes de apagar el ordenador he mirado por última vez el correo; ningún mensaje nuevo.Aliviado  he dirigido el puntero a la esquina inferior izquierda de la pantalla (en el trabajo sigue mandando windows) y cuando estaba a punto de clicar en ” apagar equipo” he cambiado de opinión y he decidido congelar este momento.

Hoy es tres de julio, por las dos ventanas que tengo a mi derecha entra el sol a raudales y se oye el bullicio de la gente al pasar.Aquí dentro, sin embargo, estoy sólo,todo está vacío.Me siento como el capitán que abandona el último su barco.

Ha sido un mes de junio terrible.No recuerdo haber trabajado tantas horas nunca. Junio que debería ser como el viernes de los meses, el anticipo del descanso, el disfrute por anticipado  se ha convertido en una lenta agonía, en una cuesta arriba en la que nunca divisas el final.He entendido al ciclista que levanta la cabeza buscando la cima a la vuelta de la curva y descubre que tras ella hay otra y luego otra. Ahora que todo ha terminado, o casi, no disfruto como pensaba que iba a  disfrutar.¿Por qué lo que uno imagina es siempre mejor que la realidad misma?.Tengo delante de mí dos meses de vacaciones, eso es un gran privilegio y soy consciente de ello, mi lugar en el mundo me espera, los campos que recorreré, los libros que leeré y la música que escucharé me están aguardando.¿Por qué, entonces, no salto de alegría?

A veces pienso que soy yo quien falla, hay algo que me impide aprovechar el momento presente, sueño con momentos que cuando llegan ya no son sueños.También sé que cuando lea esto el próximo otoño, este instante me parecerá único e irrepetible y sentiré una nostalgia dolorosa que me atravesará de parte a parte.Sé todo esto, lo escribo y, a pesar de todo, olvidaré esta extraña sensación que me domina y pensaré, en la distancia y en el tiempo, que este momento sí era irrepetible.

Miro ahora a mi alrededor y veo la mesa de reuniones que  tantas discusiones ha padecido, veo la máquina del café, las sillas vacías,el teléfono que, misericordioso, permanece en silencio (detesto los teléfonos).Los papeles que todo lo inundan ahora están como dormidos, cada uno en su sitio y siento un poco de cansancio y un poco de hartazgo. Me parece imposible que en un par de meses todo esto deje de ser silencio y vacío y  sea, de nuevo, ruido y ajetreo. ¿ Por qué da tanta pereza hacer lo que uno tiene que hacer?

Imagino que ya nunca volveré a sentarme frente a esta pantalla, que ya nunca golpearé estas teclas  y que las caras que han ido estos días desapareciendo de mi vista seguirán ausentes y no  siento nada. ¿Aumenta el desapego con los años?,¿el corazón se va haciendo de piedra con el tiempo?,¿por qué cada vez echo en falta a menos gente?

Languidecen los minutos y mis dedos ya no se agitan nerviosos como hace un rato.La voz de un niño contento llega desde la calle.La grapadora, el lápiz, el sacapuntas, los post-it y un taco de folios en blanco parecen descansar, ajenos a mi presencia.Todo será silencio y sombra, nadie hablará, no habrá sonidos ni colores pues nadie oirá ni verá nada.¿De qué color es algo cuando nadie lo mira?

Llegó el momento. Quedan atrás diez intensos meses de trabajo.Alegrías,problemas,cansancio y discusiones.Decisiones, aciertos, errores, malas caras y sonrisas.Decepciones, arrepentimientos, dudas y ayuda.

Ahora sí, apago el equipo, bebo un vaso de agua,recogo mis cosas, miro por última vez la mesa y el despacho y cierro la puerta.

No pienso en nada, salgo a la calle y me pierdo entre la gente que continúa su camino tan ajeno al mío. Me pongo  los auriculares y Bob Dylan me canta al oido The times they are a- changing mientras camino lentamente hacia casa.

Mañana será otro día.

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Causas y azares

A Dámaso le cayó ayer un tiesto en la cabeza cuando paseaba por la calle a las doce del mediodía.El tiesto se precipitó al vacío porque no habían colocado una barra de sujeción y porque a esa hora se desató un vendaval inesperado que nadie había previsto.Dámaso debería haber estado trabajando, pero le quedaba un día de vacaciones y justo ayer se lo tomó.

Sobre las once y media de la mañana recordó que tenía que hacer un recado.Estaba muy a gusto en casa pero como a la tarde tenía intención de ir al cine, pues era el último día que se proyectaba la película que deseaba ver, decidió hacer un esfuerzo y salir por la mañana. Dicho y hecho. Se acercó hasta su coche y entonces se dio cuenta de que había olvidado las llaves en casa.Le dio pereza volver a subir y  al ver que el autobús estaba detenido en la parada se subió a él. Casi nunca solía utilizar el transporte público pero hoy lo hizo. Además no le dejaría lejos de su destino.Al bajar del autobús comenzó a levantarse un fuerte viento, en vez de ir por el camino más corto, una avenida amplia y despejada optó por tomar una calle más protegida.El semáforo prohibía el paso a los peatones.Pudo haber esperado a que cambiara de color, pero no lo hizo. Dámaso es impaciente y hoy, que iba sin su hija pequeña, aprovechó para cruzar la calle sin hacer caso de la luz roja.Continuó caminando y vio,consternado, que un ex-compañero de colegio venía por la misma calle  hacia él. A  Dámaso no le gustaban  este tipo de encuentros.No sabía muy bien qué decir. Se sentía ridículo hablando de la familia, la salud y el tiempo.  Aun a riesgo de ser descubierto se detuvo frente a un escaparate y miró atentamente los artículos expuestos. Cuando vio la imagen del compañero de colegio reflejada en el cristal no se dio media vuelta y respiró aliviado al comprobar que la imagen seguía su camino sin detenerse.Dámaso continuó caminando y treinta metros más adelante un tiesto,arrancado por el viento cinco pisos más arriba,hizo diana en su cabeza.El último pensamiento de Dámaso se lo llevó su antiguo compañero y el colegio donde estudiaron juntos.

Los vecinos del quinto no eran aficionados a las plantas. De hecho sólo tenían una, bueno ahora ninguna.Habían cenado unos días antes en casa de unos amigos.Estos tenían una amplia terraza plagada de plantas y de flores.Lo cierto es que el lugar resultaba muy acogedor y para contentar a sus amigos hablaron maravillas de los colores y de los olores. Los anfitriones, halagados, les regalaron  una preciosa doble alegría, así se llamaba la flor. Se la dieron en un pequeño tiesto de plástico pero les recomendaron ponerla en un tiesto más grande.Al día siguiente compraron un robusto tiesto de barro y allí colocaron a su doble alegría.No sabían muy bien cómo cuidarla.Supusieron que un poco de aire y de luz le sentaría muy bien  y,  sin pensarlo dos veces, colocaron, aquella fatídica mañana,la planta en el alfeizar de la ventana de la cocina antes de irse los dos a trabajar.¡Hacía un día tan bueno!

La clave está en saber si las coincidencias existen o no.Yo, por mi parte, sospecho que esta cuestión no tiene solución. En nuestra propia biografía hay multitud de ocasiones en las que nos planteamos este dilema. El azar desvirtúa el encanto de las coincidencias y nos hace sentir desarmados ante el poder que tiene la casualidad en nuestras vidas. Cuando pensamos, decidimos o queremos pensar que las casualidades no existen y que todo responde a la concatenación de causas y efectos en las que nosotros intervenimos consciente o inconscientemente, nos sentimos más seguros en el convencimiento de que somos parte activa y decisiva en el desarrollo de nuestras vidas. Lo razonable es aceptar que el azar tiene gran parte de  culpa en todo aquello que nos ocurre.Los seres racionales son muy poco razonables y gustan de escoger la segunda posibilidad.Es esa en la que el destino hace acto de presencia y en la que buscamos razones ocultas, toques mágicos, lazos que unen lo que pasó con lo que pasará.

La causalidad suena convincente  y nos hace vivir nuestra vidas en primera persona.Un hilo une hacia atrás y hacia adelante todos los hechos y todas nuestras decisiones. La casualidad nos quita el protagonismo y nos deja a merced de lo  incontrolado.

Un hecho puede ser más o menos probable. Al lanzar un dado, el tres sale porque es probable que salga pero  no es nuestra voluntad  la que lo decide.Sé que podríamos investigar la razón por la que tal número salió y no lo hizo otro. La posición en la que estaba el dado cuando lo introdujimos en el cubilete, la velocidad a la que lo agitamos y la fuerza con la que lo lanzamos sobre el tapete  determinaron su aparición. De la misma manera, un día giramos a la derecha o a la izquierda de una calle por motivos ocultos para la mente.Un color, el aire  o un determinado olor hicieron que tomásemos una dirección y no otra.¿Qué prueba esto? Que toda causa tiene su efecto. ¿Creemos que con eso nos libraremos de la casualidad y del azar? Rotundamente no.El hecho de que un estudio científico pueda demostrar por qué salió cruz y no cara  no evitará que todos relacionemos el lanzar una moneda al aire como ejemplo de azar.

Los psiquiatras indagan en la mente para buscar orígenes y explicaciones a nuestros comportamientos. Cuando no los encuentran en lo consciente señalan al inconsciente como responsable.El objetivo es lograr que el yo sea el que responda de todos los actos.

La pesada  carga de buscar razones y causas a todos nuestros actos es insoportable. Optamos entonces por hablar de suerte, azar, casualidad o destino según nos convenga.Si se trata del amor de nuestra vida nos agarramos tozudamente al destino, si , por el contrario, se trata de algo por lo que nos sentimos culpables , la culpa se la lleva indefectiblemente la mala suerte.

Hijos del miedo (recordando a Hobbes)

El miedo fue el principio, el miedo es lo que nos une, el miedo está en el origen de la sociedad.Es así de sencillo.Al final todo es una cuestión de pragmatismo.

El ser humano no puede sobrevivir solo, necesita de los demás.Podemos pasarnos una eternidad intentando demostrar que  algo noble en nuestro interior  nos impulsó a compartir pero no es cierto.No lo es, al menos en el origen.

Los animales no tienen amigos. Cada uno defiende su territorio y ve al otro como un posible rival.Para seguir viviendo tiene que dormir con un ojo abierto.Nuestra especie dio un paso adelante y no pudiendo soportar la incertidumbre constante se unió al enemigo.Yo te tengo miedo a ti, tú me tienes miedo a mí.Mantener esta situación supondría seguir las leyes de la naturaleza donde el fuerte acaba con el débil.Esto sería lo natural y lo natural no entiende de ética ni de buenas o malas intenciones.Nadie está seguro de ser el más fuerte o, dicho de otro modo, no hay rival pequeño.Lo que impulsa a dos rivales a trabajar en común es el temor que se provocan mutuamente.
El proceso civilizador es el que partiendo del miedo nos lleva a una convivencia en la que aspiramos a ser todos iguales, al menos sobre el papel.Los derechos humanos intentan modificar y contradecir los dictados de la naturaleza.Todos somos iguales en derechos y deberes. Se lucha para que no haya dominados y dominadores,amos y esclavos, fuertes y débiles.
El consenso y la convención no nacieron naturalmente,fueron resultado de la necesidad humana de vivir en grupo, de reconocerse en el otro.Son puro artificio y ahí reside su valor.El arte no imita a la naturaleza.La tranquilidad es producto de la seguridad.La seguridad sólo la proporciona el saberse igual al otro.No sentirse amenazado constantemente es la condición necesaria para que podamos cerrar los ojos y soñar, para que seamos capaces de desprendernos del miedo y dedicarnos a la creación.
La lucha constante por la igualdad tiene como resultado la autoimposición de leyes que coartan nuestro libre albedrío.Las leyes nos constriñen.
Si aceptamos que un mundo sin normas no es más que una quimera o el sueño inalcanzable de unos locos, hemos de admitir que la libertad individual tiene siempre límites.
Lo mismo puede decirse de los dioses.Existen para vigilarnos y para recordarnos que somos obra suya.Ante dios pretendemos ser todos iguales.Es el juez supremo que castigará al fuerte por abusar de su poder.Las leyes de dios son para todos, nadie se libra de su cumplimiento.Los dioses, también, surgen del miedo.
El terror a lo desconocido nos ha hecho crear dioses a nuestra imagen y semejanza.
La evidencia de que el consenso es la única vía que puede garantizar la paz nos ha hecho inculcar este hecho de generación en generación.La educación trata de quitarnos el miedo y nos quiere hacer entender que la dignidad humana está por encima de cualquier limitación.La sociedad igualitaria llegará a serlo porque un día tuvimos miedo.Preferimos un mundo que suma voluntades a costa de ceder libertad .En el terreno político esto tiene un peligro:la dictadura. Da igual que el dictador sea uno que impone lo que considera  conveniente para todos y reprime cualquier desviación  o que quien tome las decisiones sea un grupo de elegidos, una asamblea imaginaria del pueblo que dice actuar en su nombre pero que prohíbe la disidencia.
El mundo actual sigue funcionando del mismo modo.Los países se temen, se miran con recelo y tratan de mostrar su poder al resto.Aunque sepamos que somos más fuertes que nuestros vecinos, tememos el daño que nos puedan ocasionar.Es más práctico aliarnos que separarnos,sumar que restar.
Lo sorprendente de este proceso es que hayamos sido capaces, a veces, de olvidar el miedo primigenio y convencernos de que la armonía es algo natural.Una cosa es decir que el miedo nos ha enseñado a mejorar y otra, muy distinta, es caer en el error de pensar que naturalmente nacemos iguales y libres.
Lo sorprendente, también, es que se llama optimista al que cree en la bondad innata del ser humano.Si esto fuera así, los optimistas tendrían que ser muy pesimistas al comprobar el fracaso de ese ser bueno.La realidad es la contraria. Si algo puede hacernos albergar alguna esperanza es precisamente lo contrario.Siendo hijos del miedo hemos sido capaces de sobrevivir y de lograr ciertas cotas de progreso en un mundo que, a pesar de todo, huele todavía a podrido.

Que del miedo surjan conceptos como paz, igualdad y libertad y que un cierto número de personas crean incluso en ellas nos da un cierto atisbo de esperanza.Bastante es que, al menos, estas palabras existan, se griten, se exijan y se escriban sobre papeles que duermen el sueño de los justos.
Dormir a pierna suelta y con los dos ojos cerrados es el privilegio de algunos humanos.Puede que sean unos inconscientes pero se han atrevido a hacerlo.La mayoría sigue sufriendo terror nocturno.

El brazo cortado

Esta mañana estaba escuchando las noticias en la radio mientras desayunaba.La crisis económica, los resultados de las elecciones europeas y sus consecuencias, la gripe A, problemas laborales,el fichaje de una estrella del deporte…Entre ellas ha habido una que  ha provocado que el plátano que estaba comiendo se me atragantara.Un hombre boliviano llevaba trabajando en una panadería de un pueblo de la costa mediterránea en torno a un año y medio.Por supuesto, no tenía contrato alguno.Le pagaban 700 míseros euros por doce horas de trabajo diario.Hasta ahí todo, tristemente, normal.Esta madrugada estaba el hombre trabajando  y ha sufrido un accidente: una máquina le ha cortado uno de sus brazos. Los dos jefes de la empresa, a la vista de la situación, han decidido cortar también por lo sano: han tirado el brazo del herido a la basura, le han abandonado a doscientos metros de un hospital y le han recomendado no decir nada sobre las causas del accidente.

La opinión que me merecen estas dos personas, si los hechos son como luego ha contado su protagonista, no merece ser explicada. Imagino que toda persona decente y con al menos una neurona mostrará su repulsa y su desprecio por semejante comportamiento.

Todos los días, si cualquiera lee, ve o escucha, nos podemos encontrar con tragedias parecidas.Cambian el lugar y los protagonistas pero el drama sigue asomando a nuestros ojos y oídos.

Lo que quería comentar, lo que me ha subido la tensión y lo que me ha hecho detestar la sociedad en que vivimos es lo que ha ocurrido a continuación. Una vez expuestas las noticias, tocaba el turno a una tertulia donde  expertos en todo sin saber prácticamente de nada, en eso se han convertido la mayoría de tertulianos de los medios de comunicación,debían  dar un repaso a la actualidad y valorar las noticias más importantes. Antes de dar la palabra a estos sabelotodo, el presentador ha puesto , de nuevo ,encima de la mesa, los temas sobre los que versaría la tertulia.Entre ellos, evidentemente, el caso del trabajador boliviano.Al acabar de hacer su introducción el moderador ha cedido la palabra a los invitados. Ellos han ido escogiendo los asuntos que les parecían más destacados para ser tratados.He escuchado sus repugnantes voces durante media hora y en ella han hablado de un nuevo modelo de coche que se va a fabricar en Zaragoza y de cómo esto garantizará el trabajo en una fábrica que  corría serio peligro de cerrarse, han especulado sesudamente sobre si los resultados de las  elecciones europeas pueden ser trasladados a la situación política española, han abordado el tema del posible  cierre de  una central nuclear.Han reído, se han dado la palabra y se la han quitado y , sobre todo, se han sentido orgullosos de sí mismos y de todo lo que saben.

Yo tenía que irme pero no lo he hecho.Estaba atónito por lo que escuchaba, mejor dicho por lo que no escuchaba.Nuestro amigo boliviano no ha sido siquiera mencionado. Nadie ha dicho una sola palabra sobre él. Los tertulianos de la mesa redonda han  decidido,ellos no piensan, deciden, que el tema era baladí.El presentador y director del programa ha debido de pensar lo mismo pues no se le ha ocurrido, al menos, que  podía ser él quien  pusiera el tema sobre la mesa.

Cuando he apagado el aparato de radio, he sentido rabia, vergüenza, impotencia, indignación, desprecio, asco y, ¿por qué no decirlo?, unas irreflenables ganas de partir varias narices.

Una sociedad que no reacciona ante hechos como éste, que considera más importante el fichaje de un jugador de fútbol por noventa y cuatro millones de euros que la situación de millones de personas explotadas y esclavizadas, es una sociedad que ha tocado fondo. Un país que está más atento en saber si un político pagó sus trajes con dinero que no era suyo que en la suerte de nuestro panadero es un país enfermo.Un oyente de radio que  no se escandaliza ante el brutal silencio como el ocurrido esta mañana, no es oyente, es una piedra.Unos tertulianos que, después de su sermón matutino, han vuelto a sus quehaceres sin ser conscientes de su tropelía son tan insensibles, ignorantes, despreciables y nauseabundos como los que han tirado el brazo a la basura.

Sé que se argumentará  que no todos somos así, que también se podrían dar ejemplos de comportamientos loables donde la generosidad, la inteligencia y la bondad abren una puerta a la esperanza. Estoy de auerdo.Lo que es incontestable es que la sociedad que nos hemos creado está enferma de muerte

Animales

De niño lo que más me gustaba eran los animales.Cuando pensaba en mi futuro sólo lo concebía rodeado de ellos.Me veía a mí mismo viajando por el mundo  observándolos,estudiándolos y tomando notas en un cuaderno desvencijado lleno de fotografías, dibujos y apuntes que yo sólo entendía.Desarrollé una sensibilidad casi enfermiza que me hacía sufrir por ellos de una manera en que no lo hacía por los humanos.Si tenía algún animal en casa, lo pasaba mal desde el principio pues sabía que algún día moriría y me quedaría sin él.

Recuerdo el día en que murió mi hamster y me negué a ir al colegio. Mi tragedia estaba por encima de algo tan mundano y superficial como la tabla del siete o la ortografía.Yo sabía, además, que era culpable. Con todo el amor del mundo yo había hecho con mis propias manos un letrero con su nombre. Era un trozo de cartón con un fieltro granate  encima.Sobre el fieltro había adherido con letras blancas su nombre.El hamster siguó  el mandato de la naturaleza y como buen rodeor  se comió mi regalo. Disfrutó, imagino, del banquete, pero como en La Gran Bouffe no superó la digestión.

Luego llegó un conejo.En homenaje a mi hamster desaparecido le puse el mismo nombre.Lo paseaba por el pasillo de la casa y jugaba con él al escondite.Con él sufrí una de las mayores humillaciones de mi vida.Pasado el tiempo me convencieron de que era mejor trasladarlo a un lugar más adecuado.Un amigo de mis padres tenía una casa en el campo.Allí viviría mejor, con más espacio y cuidados.Yo, pensando en su bien  pero con el corazón partido, acepté.No quise ver cómo se lo llevaban.Lo que sí hice fue comer al día siguiente un pollo que no sabía a pollo.

Más tarde vinieron, precisamente,  seis encantadores y amarillos pollitos que fueron la alegría de la casa hasta que, ley de vida, crecieron.Yo no llegaba a entender por qué seis simpáticas gallinas correteando por la casa molestaban tanto a mis padres.Cuando se los llevaron dejé de hablarles (a mis padres).Nunca supe en qué cazuela dieron su último suspiro.

Una de mis hazañas infantiles consistió en liberar a un pájaro de su jaula.Yo no podía entender cómo alguien disfrutaba encerrando a un ser que vuela en una prisión con agua, alpiste y un ridículo columpio. Andaba yo aún dolido  por la desaparición de mi tropa de gallinas cuando un día, jugándome el pescuezo, me asomé por la ventana, estiré el brazo y le regalé la libertad al pájaro que mi madre cuidaba con mimo.Cuando encontraron la jaula vacía yo  interpreté el papel de mi vida. Robert de Niro hubiera parecido un principiante a mi lado. Mudo de asombro,patidifuso, pregunté incluso qué podía haber pasado.A mi madre  se le salían las lágrimas.Las gallinas, mis gallinas, habían sido vengadas.Lo que no supe entonces es que en vez de la libertad lo que  probablemente regalé al pobre  pájaro fue una horrible muerte. Había nacido enjaulado y en vez de volar  debió de caer en picado hasta el suelo.Hizo el salto del ángel. Lamentablemente yo vivía en un quinto piso. Desde entonces tengo la intuición de que sus congéneres me tienen ojeriza.Poco tiempo después vi por primera vez Los pájaros de Hitchcock  y sospeché que no era a Tippi Hedren a quien buscaban.

El primer perro que tuve  se llamaba Lucas.Era feo pero listo. (Ese siempre es el consuelo de los feos, incluso de los humanos.)Tuvo una vida breve y trágica, como los grandes poetas, sólo que Lucas en vez de escribir ladraba.Fue rescatado de la perrera, de no haberlo recogido habría sido sacrificado.Llegó a casa y, el mismo día, se hirió una pata.Poco tiempo después cuando él se paseaba orgulloso a mi lado fue atacado por un perro malvado y Lucas, listo pero cobarde, salió corriendo y cruzó una carretera.Yo oí el impacto y supe lo que había pasado.

Juré, por supuesto,no tener más animales.A los pocos días andaba yo, cual San Francisco de Asís,por las perreras buscando una mirada que me pidiera ayuda.La encontré en un perrito de raza indefinida y color canela. A éste le llamé Simón y me lo llevé conmigo.Al principio todo fue miel sobre hojuelas. Íbamos juntos a todas partes.Paseábamos a diario por todos los rincones de la ciudad.Un día conoció  la playa y allí empezaron los problemas. A Simón le gustaba mucho bañarse, a mí también, pero no en Enero.Se metía en el agua y no había manera de sacarle.Tenía que esperar yo como un idiota a que él decidiera dar por terminado su baño. Una vez descubierta la playa yo ya no podía acercarme, si lo hacía,y parecía oler el mar en la distancia, era imposible detenerle.Allí marchaba él, enloquecido, y yo detrás, corriendo. Para cuando llegaba ya estaba nadando mar adentro.Tengo hoy todavía la impresión, pasados ya muchos años, de que Simón siempre pensó que era él quien me sacaba a mí de paseo.

Dejé después de soñar con viajes e investigaciones.La vida me había demostrado que de haber seguido en mi empeño, podría haber acabado con la fauna del planeta. Mi cabeza tendría un precio y Greenpeace o Adena harían lo imposible por cobrarlo.

Ha pasado ya mucho tiempo  sin animales.El año  pasado regalamos a mi hija pequeña un par de peces.Eran suyos, no míos. La maldición debe de ser genética. Al poco tiempo, uno de ellos, por imposible que parezca, saltó fuera de la pecera y como es natural no pudo  hacer el camino de vuelta. Al poco tiempo, su pareja, más tradicional, apareció flotando.La soledad se lo llevó.

Ahora un hamster (¿el eterno retorno?) da vueltas incansable por su pequeña noria.Yo, que no quiero  causar dolor a mi hija,no le he contado mi negro pasado.Vigilo continuamente sus constantes vitales.He prohibido poner un cartel con su nombre.Ella no entiende por qué pero me he mantenido inflexible.Ya ha vivido cinco meses y sin percances.Todo un logro.

Voy a ver si respira.

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Las tres vías

Consideraciones

La paciencia es una virtud. Según se mire.A veces llamamos paciencia a la incapacidad para reaccionar.Pensemos, por ejemplo, en lo que sucede cuando alguien dice o actúa de una manera con la que no estamos de acuerdo.Tenemos tres opciones:mandarle a tomar viento fresco.Normalmente no es recomendable aunque  puede en ocasiones ser necesario por higiene mental.Libera tensiones.La segunda sería rebatir sus argumentos o actitudes con otros que consideramos más adecuados. Esta es la vía razonable, aquella mediante la cual se supone que deberíamos conseguir los mejores logros, tanto personales, puesto que es nuestra propia conciencia la que nos impele a actuar así y esto le deja a uno con la sensación del deber cumplido, como prácticos, ya que es el único medio por el que podríamos convencer a nuestro adversario para que deponga su actitud o modifique sus criterios en un tiempo razonablemente corto.La tercera vía es la de no decir ni hacer nada, bien porque consideramos inútil cualquier pronunciamiento al considerar que no merece la pena el esfuerzo en vista de los previsibles nulos resultados o bien porque contamos hasta diez antes de respirar profundamente y esperamos mejor ocasión para resolver el entuerto.

Las tres vías las utilizamos constantemente todos.Miente quien diga lo contrario.La diferencia entre las personas reside en cúal de las tres utilizamos más asiduamente.Los partidarios de la primera, llamésmole la vía del exabrupto, suelen ser personas que  no buscan convencer sino vencer. Si fueran deportistas practicarían el boxeo.Tienen muy claro que quien no piensa como ellos, está contra ellos y actúan en consecuencia.El mundo lo dividen entre listos y tontos y ellos son siempre los listos.Estas personas son inofensivas cuando limitan su campo de acción al bar de la esquina o a la oficina.Si les damos alguna responsabilidad la cosa cambia.Las consecuencias son ya imprevisibles.

La segunda, la bautizaremos como la vía razonable, la utilizan personas metódicas que suelen estar muy convencidas de lo que piensan y que consideran que su punto fuerte consiste en descubrir el punto débil de los demás y, de esa forma, desbaratar,sus ideas,acciones u opiniones.Serían indudablemente,en nuestro símil deportivo,practicantes de las artes marciales o ajedrecistas.Estos no son simplemente listos, se consideran más bien inteligentes y sus contrincantes son seres primarios a los que se puede convencer o en su defecto derrotar dialécticamente.

La tercera vía suena siempre bien porque la relacionamos con algo nuevo y original.La denominaremos la vía paciente.Su método de acción consiste en dejar que el otro acabe dándose cuenta de su error por sí mismo.Nunca le contradicen.El mejor desprecio es no hacer aprecio es un lema que llevan grabado a fuego en su frente.No practican ningún deporte, se limitan a pasear.Huyen de la competición.Ponen en el tiempo sus esperanzas pues, como dijo aquél,el tiempo pone  a cada uno en su sitio.

No es difícil concluir que todas ellas tienen sus pros y sus contras. La primera desahoga, ya lo hemos dicho,pero puede esconder  violencia y ésta es cuando menos peligrosa.La segunda es lógica y puede que demoledora dependiendo de la valía de quien la practique pero, siempre hay un pero,puede ser cansina.El ser humano,nos guste o no, gusta a menudo de dejar de ser razonable y actuar por impulsos.La razón agota al impulso, lo aburre.La tercera busca dar ejemplo,cree que la única manera de que alguien comprenda su error es que lo viva en primera persona, que se dé cuenta,que sea consciente y que vea la luz.La trampa en este caso es que ,como decía al principio, esta argucia, no pocas veces, no es más que un disfraz de la  cobardía.No nos atrevemos a rebatir o a criticar y nos convencemos a nosotros mismos,ésta es probablemente la capacidad más desarrollada por el género humano,de que es más sabio no decir o no hacer,que no merece la pena actuar y que un profundo silencio acabará desbaratando los argumentos  o las acciones del otro.

Tópicos

Todas las clasificaciones son injustas, todas encierran parte de verdad y de mentira.Son como los tópicos, en los que  todos caemos aun a sabiendas de que no describen objetivamente la realidad.Tomando el hilo de los tópicos podemos mostrar con ellos un ejemplo gráfico.Los latinos representarían al primer grupo, son los que vociferan,los que ríen en alto de lo que dice el otro y los que tratan de acallar a fuerza de gritar más fuerte.Esa desconsideración del contrario parece situarles en el mal camino en la asignatura de las relaciones humanas.La realidad nos demuestra sin embargo que su cultura es envidiada por su adaptación a la vida, por su alegría y  por su capacidad de disfrutar a pesar de las  dificultades.Mucho ruido y pocas nueces.

Los centroeuropeos se nos muestran como ejemplo del esfuerzo y del trabajo.La razón es su diosa y el desarrollo su objetivo.En cuanto tienen un minuto libre se lanzan de cabeza al caribe o al mediterráneo.Disfrutan como locos mostrando al vikingo que llevan dentro.Si la razón no convence utilizan sin dudarlo el martillo para imponer sus criterios.La letra con sangre entra.

La tercera vía es oriental.Su capacidad de aguante es infinita, su paciencia proverbial y su sabiduría, aunque casi nadie la entienda,es legendaria.Cuando China despierte, en Benarés encontré la verdad,hare krishna…Todo el mundo vuelve fascinado de la India y nos intenta convencer de que allí la pobreza no es pobreza, es otra cosa.Viven en la miseria y sonríen. Esta reverencia dura lo que el recién llegado tarda en darse una ducha de agua caliente y en encender su televisión de cuarenta y dos pulgadas.La paciencia es una virtud. Ohmmmmmmm.

En occidente, donde ya casi todo es marketing y publicidad, ya hemos patentado la cuarta vía e incluso la quinta.Falta un pequeño detalle: darles contenido.

P.D.: Somos contradicción. Este texto está plagado de ella.Así quiero que lo esté.

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El fútbol y yo

Penúltimo viernes de mayo. Una vez más aquí estoy, sentado en un banco en el parque, viendo la vida pasar. Ju come pepitas mix mientras juega a alturitas con sus amigos. Tengo sueño, ésta es mi hora mala del día; la mediatarde. Estoy cansado. Me consuelo pensando en el atardecer. Llegará y yo reviviré al llegar la noche. Debí de vivir otra vida en Transilvania.

No estoy haciendo nada en concreto.Miro, observo,escucho, analizo y, a veces, me aburro. Un golpe seco en la cabeza me saca de este duermevela.Aturdido doy media vuelta y veo a un grupo de niños que se acerca a recoger el proyectil que ha impactado en mi testa dolorida.Me han mirado como si fuera una parte  más del mobiliario urbano.Han recuperado su mugriento balón y se han marchado.No me han dicho ni media palabra. Creo que no me han visto. Pensaban tal vez que yo era una farola o el viejo tronco de un árbol.Impotente me he quedado con la palabra en la boca.

Detesto el fútbol.No el deporte sino lo que significa.Su abuso, su poder plenipotenciario, su intromisión en mi vida, su monopolio.Los niños ya no traen un pan bajo el brazo al nacer. Las últimas generaciones nacen con un balón adherido al pie. Si es Adidas o Nike se lo quedan si no, se lo regalan a los pobres.

Cuando yo era niño en el colegio nos enseñaban Formación del Espíritu Nacional. Creí haber conocido con ello la cima de la estupidez.Pues no, los niños de hoy en día no sueñan ya con la libertad ni con cambiar el mundo.Prefieren imaginar el gol de su vida.Sus héroes llevan pantalón corto en su trabajo, trajes de Emilio Tucci en las fiestas, coches descapotables,cadenas de oro de tres centimetros de grosor, peinados inverosímiles y piensan más, en general, con el balón que con la cabeza.

Cuando uno escucha las noticias entiende por qué el mundo está  en estado de coma: tres sucesos, un escándalo y el resto fútbol.Nos cuentan minuciosamente cómo al defensa lateral izquierdo del tercer equipo de Ponferrada le ha salido un pequeño bulto en su abductor derecho y que ha pasado la tarde en manos de un masajista. Luego, éste último nos explica, regalándonos mil y un detalles, que de seguir la evolución como está previsto nuestro pequeño héroe ponferradino podrá reaparecer en, aproximadamente cuatro semanas y media. Aliviados y llenos de gozo, seguimos viviendo.

Cuando en la ciudad  hay un partido de fútbol el equilibrio natural  se altera.Si quieres aparcar el coche a dos kilómetros de distancia del estadio hay que pedir permiso al presidente del gobierno o ver si la mordida funciona también por estos lares.Ya sin coche y con una denuncia por intento de soborno a la autoridad pública, piensas ingenuamente en tomarte un té que aplaque tus ánimos en la soleada terraza de un bar. Una marabunta,ojalá fuera de hormigas,con camisetas multicolores, cantando himnos delirantes y siempre con bombos(¡qué manía!) forma una barrera infranqueable que convierte el simple té en el santo grial de los templarios.

El periódico más leído de España se llama Marca, no es de economía, no es de política, ni tan siquiera de sexo.El deporte rey ocupa todas sus páginas.Ver a un hombre ensimismado  recorriendo con sus ávidas pupilas tanto gol y tanto penalty, me produce congoja y rabia.Yo soy republicano y no me gustan los reyes.

Yo de niño jugaba al fútbol, lo confieso. En mi defensa diré que era entonces obligatorio.El salto del amor primigenio al odio posterior siguió una escala que me ha llevado al punto en el que me encuentro.Sé que ahora medio planeta será mi enemigo. Seré el centro de sus burlas y los más aguerridos tal vez me consideren medio hombre.Si alguno, despitado, cae por este blog, al pensar que Jusamawi es el último fichaje filipino del equipo de sus amores, lo llenará de spam para vengarse y hacer justicia.

Cuando veo niños con cromos de futbolistas los adoctrino y les enseño la verdad de la mentira en la que viven.Perdónales porque  no saben lo que hacen.

San Pablo, de todos es sabido, tuvo su oportunidad camino de Damasco.Yo también tuve la mía. Vi la luz un día en que estando ante la televisión escuché a una mujer contar, ufana y orgullosa, que los domingos por la tarde,  y si el equipo de su marido ganaba,preparaba con mimo la cama y esperaba ansiosa la llegada a casa de su hinchado hincha para ser  la feliz depositaria de la inflamación de su hombre que, sin quitarse la camiseta con el número nueve, la hacía mujer mientras rememoraba excitadísimo el último gol de su ídolo en el campo de batalla.Entre jadeos un terrible GOOOOOOOOOOOOL se dejaba oir por todo el vecindario.

Anonadado,me levanté y pinché el último balón que quedaba en casa.

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A veces

A veces lo cotidiano me resulta intrascendente. No puedo evitarlo. Cuando me descubro a mí mismo pensando en la sartén que tengo que comprar o pasando el rato ante la televisión me deprimo.Cuando veo las caras de la gente que afanosa trabaja por no aburrirse escapo impaciente de su mirada.

A veces me canso de mí mismo. Me gustaría ser capaz de no pensar en nada, de dejar la mente en blanco y limitarme a descansar.Me gustaría tener una habilidad manual que me permitiera concentrarme en hacer una mesa, en cortar hierba o en pintar un cielo azul.Lo intento pero no puedo.

Cuando me acuesto buscando el reposo las ideas acuden corriendo a mi cabeza y, como con vida propia, independientes de mi voluntad, me obligan a quedarme con ellas. Cuando paseo es rara la vez en que puedo fijarme en el paisaje. La concentración se produce en mi mente hiperactiva y lo que me rodea desaparece.

Todo esto me fatiga.Además la mente ,en general, es poco fructífera.Horas y horas sopesando pros y contras, valorando ventajas y desventajas, perdiendo el tiempo añorando lo que pudo ser y no fue o lo que me gustaría que fuera y nunca será. Los resultados son escasos tras tanto esfuerzo.

A veces sueño con limitarme a mirar, observar lo que sucede a mi alrededor y atravesar el tiempo entre olores y colores. Desconectar de las obsesiones que me impiden apreciar lo que  a menudo olvido que tengo.Quisiera ser pájaro y volar por un cielo cercano a la nada.

Vivo en una batalla campal  para poder permanecer aquí y ahora y olvidarme de tanto ayer  y  tan poco mañana.No sé si merece la pena tanto dolor de cabeza.No es la prisa lo que me asusta, no es el día  que se acaba.Es la palabra que incesante se repite sin que yo pueda callarla.

A veces  me calmo, me siento y me digo, no tienes la culpa.Los días pasan, uno tras otro se arrastran  por un suelo mojado.Yo resbalo por ellos pero,al fin y al cabo, siempre me levanto.Despacio cierro los ojos y miro hacia adentro.Veo luces  de colores  y no soporto su destello.Añoro el blanco y el negro.

Dudas constantes de si hago bien. Las preguntas en busca siempre de respuestas.Yo divagando y la vida que pasa corriendo a mi lado.La dejo ir y ella nunca  da media vuelta.Pensar, hablar, escribir, leer.Estoy lleno de palabras que pugnan por salir.Yo las retengo egoísta.Siempre creo que sin ellas no soy nada.

Estoy enfermo de mí mismo.Todo me parece poco.Sueño con otra vida,me gusta verme allí,caminando,pisando la tierra,sintiendo el sol sobre mis hombros,yendo cada vez más deprisa hasta no pensar en nada.Hasta ver la tierra tan sólo como tierra siendo yo no más que movimiento.

A veces pienso estas cosas, desvaríos pretenciosos por no querer enfrentarme  al aquí y al ahora.No es para tanto.Tengo un secreto.Cuando todo va tan rápido que no puedo detenerlo yo soy el que paro.Saco mi brújula sin norte y vuelvo siempre a casa.A mi casa.