Culpa y responsabilidad

La mejor manera de no sentirse culpable es hacer lo que nos mandan.El militar que provocó una masacre con su decisión siempre se defiende cuando es acusado con el argumento de que cumplía órdenes.Los niños y los jóvenes no son responsables de nada porque hacen lo que se les dice.Los seres humanos, en general,se escudan siempre en la obediencia debida a los padres, a los superiores, a los jefes o las propias leyes, para eliminar la pesada carga de la responsabilidad de sus endebles espaldas.La falta de  responsabilidad, así vista,nos libera de un plumazo de algo peor: la culpa.

La aspiración de todo ser humano es la felicidad. Partimos de la base de que todos queremos vivir.Para vivir tenemos que tomar las decisiones que creemos más convenientes para nosotros. Si hablamos de hábitos saludables llegar al consenso no suele ser muy difícil.Una alimentación sana,ejercicio y un descanso suficiente son, entre otras cosas ,elementos objetivamente necesarios y buenos para conservar la vida.Determinar que el exceso de grasa es perjudicial para el organismo no crea conflicto alguno.Si lo sabemos y la consumismos somos absolutamente responsables de las consecuencias.Nada nos puede salvar de la culpa que acarrearía la irresponsabilidad de querernos mantener sanos y vivir  y tomar decisiones, no erróneas, sino culpables.

En otro órden de cosas, tratar de dirimir lo que es objetivamente bueno y malo para todos es harto difícil. Lo que me conviene a mí puede perfectamentre no convenir a otro.Para solucionar esto nos vendrían muy bien  los diez mandamientos.Para eso se inventaron.Si tuviéramos algo objetivo e incontestable que nos quitase la responsabilidad de escoger y de decidir, todo sería más cómodo. Esa panacea no existe.El paso que hemos dado es pasar de la palabra de dios a las palabras de los hombres.De la orden al consenso. De lo subjetivo a lo colectivo.

Uno se siente culpable cuando no actúa siguiendo su conciencia.La sociedad considera culpable al que no cumple con la norma.Uno actúa responsablemente cuando cumple con su deber. Es, de la misma forma irresponsable,cuando hace dejación de sus, valga la redundancia, responsabilidades.Se puede, por tanto, ser culpable ante los ojos del mundo pero no serlo para uno mismo.

La culpabilidad tiene un componente más ético.Cada uno sabe cuando ha actuado siguiendo su conciencia y cuando no.La responsabilidad, sin embargo, tiene más que ver con el compromiso adquirido y con la capacidad misma de adquirirlo.Por eso el nazi se declara irresponsable. Ha cumplido órdenes.La relación entre responsabilidad y culpabilidad no es directa.Se puede ser irresponsable pero culpable. El niño no responde por sus actos pero eso no le exime de la culpabilidad.La sanción la pagarán sus padres, se hacen responsables de los hecho por su hijo, pero no son culpables de la tropelía que su vástago cometió.El niño pega un puñetazo y rompe las gafas de su compañero de clase. El padre las paga. El niño es culpable, el padre responsable.

Cuando nos sentimos culpables pensamos mal de nosotros mismos.Nos sentimos mal.Sin que podamos evitarlo surge dentro nosotros ese sentimiento. Cuando hemos sido irresponsables, cuando no hemos acatado una orden podemos ser culpables para los demás pero sabernos inocentes por completo.

La civilización occidental está traspasada por los valores judeo-cristianos y en ellos  la culpa juega un papel determinante.El pecado original nos obliga a sentirnos culpables desde el momento en que nacemos.La vida consiste en redimir esa culpa y alcanzar gracias a ello el premio de la vida eterna.El valle de lágrimas es el único escenario posible donde esta vida culpable es posible.La muerte de dios, la reafirmación del hombre,tal como Nietzsche nos quiso decir,es la necesaria condición para transformar ese mundo culpable y negativo en otro donde el ser humano se afirme  y consiga cambiar de valores. Esto no nos lleva a un mundo feliz donde hacemos lo que queremos al no estar bajo el mandato divino.La vida sigue siendo trágica en el sentido de que la lucha por la superación y el logro de la libertad así lo son y así lo serán siempre.

La capacidad de elección es la que nos dota de responsabilidad.Somos, por ello, responsables de nuestras decisiones pero no culpables de sus consecuencias o al menos no siempre.Caben ejemplos en todos los sentidos. Cuando yo decido libremente actuar de determinada manera soy responsable de mi decisión.Ante eso sí debo y puedo responder.Si mi decisión ha ocasionado un mal a otro, puedo o no sentirme culpable.Yo hice lo que creía conveniente para mí.La responsabilidad es de aquel que decide, la culpabilidad es de quien la siente.

La conciencia es la que determina la culpabilidad. Si yo decido conducir a 2oo kilómetros por hora y atropello a alguien soy culpable.Cuando una persona hace eso y no se siente culpable del daño causado lo consideramos enfermo o loco. Tratamos de quitarle la responsabilidad de sus actos.La persona que exhibe un collar de diamantes no es culpable de que se lo roben.El que roba para comer es responsable de sus actos pero puede perfectamente no sentirse culpable.

Culpabilidad y responsabilidad,en definitiva, son dos conceptos que se entreruzan.A veces es sencillo deslindarlos, otras, al contrario parece que son consecuencia una de la otra.Una, la culpa,requiere conciencia y sentimiento.Es algo interno, no se puede imponer y nada podemos hacer para evitarla. La otra, la responsabilidad, tiene más que ver con el compromiso y la obligación y podemos vernos sometidos a ella independientemente de nuestra voluntad.

Los jueces se empeñan en dilucidar si el acusado es culpable o inocente. Eso es imposible. Suficiente trabajo tendrían con declararnos responsables o irresponsables.

Tan complicado es este asunto, tan trágico es vivir con él a cuestas que en demasiadas ocasiones nos refugiamos en la obediencia ciega,en el dios que todo lo sabe, en las leyes intocables para no ser valientes. El animal cuando lucha por conseguir comida no es valiente, cuando cuida de sus crías no es responsable y cuando entrega su cuello al más fuerte no es cobarde. El hombre, en cambio, cuando toma una decisión que le conviene, es valiente, cuando cumple con lo que considera su deber, es responsable y cuando no es capaz de decidir u obedece porque se lo mandan no es más que un simple cobarde.

¿Qué se puede hacer cuando es posible lo uno y su contrarrio? Cualquier combinación entre culpabilidad y responsabildad y sus contrarios es posible.

¿No es suficiente tragedia?

Duración y tiempo

Todo lo queremos medir. No paramos de inventar magnitudes que nos permitan cuantificar y explicar lo que sucede. Hemos recorrido 20 kilómetros, han pasado dos horas, estamos a 26 grados, el producto interior bruto es de 160 billones de euros. Así hasta el infinito. Estas magnitudes nos permiten transmitir información. En el mejor de los casos ayudan a comunicarnos. No siempre, ya que la barrera entre lo objetivo y subjetivo es muchas veces infranqueable.

El concepto que ha determinado el desarrollo humano, el que más empeñados estamos en medir y cuantificar es el concepto de tiempo. Con él surge la duración y con ella la conciencia.

Es imposible comprender el tiempo. La idea de algo que nunca empezó y nunca terminará escapa a nuestras pobres entendederas. A pesar de ello hemos imaginado el tiempo como una línea infinita que no tiene principio ni fin. En otra versión, para tratar de agarrar con las manos lo que se nos escapa, hemos abandonado la línea recta y la hemos transformado en un círculo. Pensamos así que no hay principio ni final, que todo vuelve a suceder. La idea del círculo es cerrada, todo vuelve a empezar. Es el mito del eterno retorno. Un círculo es cerrado, todo es principio y fin. Tiempo lineal o tiempo circular. Lo acabo de expresar. ¿Alguien lo entiende?

Tener conciencia de que el tiempo pasa es tener conciencia de que existimos, de que somos y, trágicamente, de que tenemos un principio y un final. Bergson se negaba a aceptar el tiempo como una recta que viene desde el infinito y va hacia el infinito. Si esto fuera así ya todo habría sucedido. Si algo nunca empezó, ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

La conclusión lógica es que es un error plantearse el tiempo espacialmente. El tiempo no es ni línea recta ni es un círculo. Todo lo más es una percepción de que las cosas ocurren, de que los objetos se mueven. Bergson por eso no habla de tiempo sino de duración. Quien no tiene la capacidad de captar la duración de los fenómenos no puede tener conciencia. La conciencia existe gracias a la duración. La conciencia surge en el momento en el que percibimos que nuestra vida tiene un principio y un final. Nacer y morir, una vez más, se muestran como elementos indisociables de la conciencia. Somos porque nuestra vida dura.

Infinito y eternidad, espacio y tiempo. En ellos nos movemos pero siguen siendo conceptos oscuros, inabordables, inabarcables. Para tratar de comunicarnos los reducimos a magnitudes primarias que nos permiten atravesar el día a día. Horas, minutos, días y años. Hablamos de ayer y de mañana. Son simples trucos con los que apañamos la posibilidad de ser conscientes.

Lo único sensato es reconocer que el tiempo se nos escapa. Lo real, lo que dota de sentido a lo que que hacemos es que dura. Dios,en su infinitud, no comienza y no termina. No puede, por tanto describirse como consciencia. La vida eterna, no nos engañemos, no es más que un infinito instante sin tiempo, sin duración. En ella seríamos como piedras inconscientes.

Quien contempla esta vida, la que conocemos, la que tiene duración, como dolor y como valle de lágrimas sueña con esa eternidad, en la que seremos todo, en la que todo es simultáneo. Parecer no saber que en esa vida no habrá conciencia. El yo dura. En la eternidad el yo se disuelve en la nada..

En la línea infinita no somos. Intuimos nuestra existencia porque duramos.

El tiempo no es más que una entelequia, algo de lo que no podemos decir nada. Nos hemos de conformar con el puro devenir, con el principio y fin. Con esto no dotamos de sentido a nuestras vidas, simplemente nos permite saber que estamos vivos.

¿Por qué somos capaces de concebir cosas que no podemos entender?

El tiempo pasa. ¿Qué significa esta afirmación? Nada. Nacemos y morimos. A partir de ahí nos empeñamos en buscar sentido. Noble intento.

En un tiempo y espacio infinitos, ¿qué rayos pinta el sentido? Sin pasado, presente ni futuro ¿existe el momento presente?

En el infinito nada sucede, todo es quietud, no hay movimiento.

Cuando nos despertamos por la mañana, existimos porque somos conscientes de que ya no es ayer. Siempre es hoy, siempre es ahora. Mientras dure.

Concebimos la felicidad como un momento pleno que nunca termina. No es más que un sueño, eso nos mataría. Lo que nunca termina no existe.

Inadaptados

Estaba yo sentado a la sombra de un árbol viendo a J. jugar con sus amigos. He  echado un vistazo al entorno y he analizado a los individuos que lo poblaban.Algunos parecían encontrarse como pez en el agua, adaptados al medio.Otros, al contrario, mostraban bien a las claras sentirse  fuera de sitio, situación o contexto.De ser ese el único universo posible no haría falta ser Darwin para saber a ciencia cierta quiénes serían los supervivientes y quiénes serían siglos después estudiados como especie extinguida.La adpatación posibilita la supervivencia de los individuos.Quién lo consigue sobrevive.Cuando las condiciones no se alteran, todo permanece inmutable.Nada cambia.Las hormigas eran hormigas  y se comportaban igual que ahora desde la noche de los tiempos. Los humanos, por contra, somos como funambulistas caminando siempre al borde del abismo. Nos adaptamos, pero a medias.Vivimos constantemente luchando por ser parte del medio y por cambiarlo a nuestro antojo, por conservar y destruir al mismo tiempo.Esta esqizofrenia nos hace comportarnos de forma imprevisible y casi siempre en contra de toda lógica.La paradoja del desarrollo humano es que éste proviene de nuestra negativa a adaptarnos, a aceptar lo que una hormiga acepta sin pestañear y sin consciencia.Como pasaba el tiempo, J. no se cansaba de jugar y yo empezaba a no adaptarme he imaginado situaciones y comportamientos que apoyaran la hipótesis que quería demostrar: la contradicción, la no adaptación e incluso los comportamientos negativos y autodestructivos en apariencia colaboran en el desarrollo de nuestra especie.Hay muchos ejemplos posibles.Hoy, a mí, en una soleada tarde de parque, entre niños y ruido, se me han ocurrido tres.Habrá más.Así lo espero.

Pagar por adelantado

Es propio de quien no se ha adaptado adecuadamente a esto de vivir el agobiarse con antelación, sentir la angustia que nos apresa de antemano y que anida en nuestro estómago.No importa saberse capaz de llevar a buen puerto la tarea que se nos presenta como un reto. De nada vale que la cabeza nos diga y nos muestre lo inútil de nuestra preocupación extemporánea.Tampoco la experiencia acumulada nos ayuda. Sabemos que otras veces nos ocurrió lo mismo y que el insomnio y la úlcera de estómago fueron absolutamente inútiles. Una y otra vez tropezamos con la misma piedra.Esta piedra, más bien roca, compuesta de agobio y angustia a partes iguales, nos impide disfrutar del tiempo que media entre la pre-ocupación y la ocupación misma. Cuando el día D y la hora H llegan, el fantasma del miedo desaparece casi siempre y el resultado de nuestros actos no merecía casi nunca los desvelos con los que nos habíamos torturado.

Cuarenta y tantos

Habiendo pasado ya de la cuarentena, uno tiende a pensar,erróneamente, que nada nuevo queda bajo el sol.Comienza a resultarnos distante la nueva generación que asoma tras nuestros pasos. Miramos atrás y nos cuesta encontrar cosas interesantes, nuevas propuestas que nos atraigan. Nos sentimos en casa refugiados en nuestros asuntos.Creemos hablar un idioma diferente y vemos a los recien llegados como vulgares aspirantes.

Todo esto, no deja de ser una postura demasiado cómoda, un refugio del que no queremos salir por pereza y por soberbia. Nos cuesta mucho admitir que una idea, una canción, una película o un libro escrito por alguien más joven que nosotros pueda merecer nuestra atención.

Tener los ojos abiertos, siempre y en todo momento, es una actitud de personas inteligentes. No perder la curiosidad es no sólo un derecho sino una obligación de quien quiera considerarse verdaderamente humano.

Creación y sufrimiento

¿Está relacionada la creación con el sufrimiento? Parece ser, a las pruebas históricas me remito, que muchos de los grandes artistas cosechan sus obras después de haber sembrado sufrimiento. Voy más lejos. No es que tras el dolor surjan mejores obras, es que es el dolor quien parece provocar su nacimiento.Quien se siente feliz no siente necesidad de crear nada. En momentos de plenitud no echamos en falta cosa alguna y la propia vida satisface nuestras necesidades.No hay lugar, por tanto, para lamentar aquello que  no tenemos y que deseamos. Cuando, al tiempo, algo nos es arrebatado,sea la paz, el amor o la calma, comienza a dolernos el alma y tratamos de expresar y de explicar lo que nos pasa. Queremos entonces explicarnos, desahogarnos y ser oidos.Anhelamos dejar una huella en el tiempo. No importa que nos dirijamos a todos, a alguien o a nosotros mismos. Queremos conjurar la ausencia, llenándola de palabras, trazos, música, imágenes o pensamientos desbordados. La obra de arte es, en esos casos, un grito que quiere ser oido. No queremos morir, queremos recuperar lo perdido o conseguir lo ansiado.No nos basta casi nunca lamernos la herida como un perro.Igual que los suicidas que al anunciar su propia muerte  desean en el fondo evitarla, el artista sufriente se expresa para ser escuchado, no olvidado.El suicida verdadero se suicida, no pierde el tiempo avisando.El desesperado auténtico, está vacío de deseo. El artista crea porque, en el fondo, está asido a la esperanza de volver a sentirse lleno.

De forma paralela, en nuestra vida cotidiana,tendemos más a hablar de aquello que no nos gusta. La crítica es más rápida que la alabanza. Nos motiva más el descontento que la alegría.Estar contento paraliza la espada del pensamiento. Las palabras fluyen más rápido cuando atacamos, nos sentimos heridos y nos defendemos. Sería idóneo y deseable ser agradecido y cantar las alabanzas, pero nos guste o no acaba siendo cansino y hasta empalagoso.

Tarea de héroes

La vida nos suele condenar a un ajetreo muchas veces no deseado.Pasamos las horas y los días ocupados en mil quehaceres que nos alejan  de nosotros  mismos.Frecuentemente nos lamentamos de no disponer de tiempo para nosotros.La intendencia de nuestras rutinas o el miedo a enfrentarnos a nuestros miedos hacen que nos ocupemos de asuntos que en absoluto nos interesan.Cuando es la necesidad la que nos obliga a ello no hay más remedio que respirar en ocho tiempos y tirar para adelante.Cuando, sin embargo,somos nosotros los causantes de este desvarío, no hay excusa que valga.El más inexperto de los jueces nos declararía, sin titubear, culpables de desidia.Los argumentos que esgrimamos en nuestra defensa se convertirán en agravantes que harán más dura la condena.Nos produce terror,por falta de valor y entrenamiento,quedarnos solos y sin prisas, hacer balance de nuestras vidas y contestar sin ambages las preguntas que viven en nosotros ocultas tras artificiales preocupaciones cotidianas.Detenerse y pensar, tomar decisiones sin anteojeras se convierte en árdua tarea que abandonamos con la excusa de pensarlo más detenidamente y dejarlo para mejor ocasión.Procrastinar, ese palabro, es nuestro deporte preferido, la tentación más atractiva en la que caen, caemos, todos los indecisos que en el mundo han sido.Nos refugiamos de nuevo en cuentas, crucigramas,fines de semana,recetas de cocina,ascensos laborales, incrementos salariales, programas de televisión y amigos que nos dicen aquello que deseamos escuchar.Hemos interiorizado ideas que convienen a nuestro cobarde proceder.La soledad es mala consejera, no es bueno pensar tanto,la vida son dos días, a mí que me quiten lo bailao son unas cuantas de la larga lista de  mentiras irresponsables que nos gusta hacer nuestras para justificar lo injustificable.

Bajarse de un tren en marcha y quedarse quieto en medio de la nada requiere valentía.Pararse es una acción como otra cualquiera.Hacer las cosas porque queremos hacerlas y no pensar siempre en los resultados cuesta mucho más que su contrario.Tenemos la desesperante manía de poner todo en manos de la esperanza.Esperar se convierte así en la cárcel de nuestros días.Esperar significa no hacer nada,resignarse y confiar en que ese monstruo llamado destino venga siempre a socorrernos o en su caso a consolarnos.La suerte no está echada.No estamos programados.La maldición que nos persigue, la tentación que nos seduce es aquello tan viejo de dejar para mañana lo que podemos hacer hoy.Dios no proveerá, está demasiado ocupado en sus asuntos cotidianos.

¿Qué nos queda?Dar más importancia al trayecto que al destino, aprender a estar solos, querer a cambio de nada, decir lo que pensamos aunque nos equivoquemos,conocernos a nosotros mismos,plantear preguntas sin respuesta,expulsar la bilis,aprender a decir no,querernos,tomar decisiones,respetar a los demás pero no a todas sus ideas,caminar, caernos y levantarnos,hablar de lo divino y de lo humano,ser pacientes pero perseverantes,ser valientes,recorrer caminos inexplorados,perdernos,dudar hasta de la duda,no aceptar más verdad que la nuestra,imaginar mundos posibles,perseguir la libertad por encima de todas las cosas,buscar el silencio,no ocultar los sentimientos, reir, llorar,gritar, no dar nada por inevitable, rechazar el destino,ser conscientes,enfrentarnos a nuestros miedos,no aceptar la vida como viene,crear algo de la nada y no perder nunca las ganas de conocer.Conocer es la única razón de la existencia.

Es,como puede verse, tarea digna de héroes.Como somos casi siempre cobardes hemos traspasado la heroicidad a seres imaginarios que por su inexistencia nos consuelan de nuestra imperfección.Nunca existirá un mundo perfecto pero hemos creado el concepto de perfección.No habrá jamás un mundo feliz, pero eso no nos impide perseguir la felicidad.Nunca estaremos seguros de conocer la verdad pero las ansias de conocer nos llevan de la mano por la vida.La belleza,que sólo intuímos,hace de nosotros unos creadores.Conocimiento,felicidad, belleza y verdad son absolutos,tal vez inalcanzables,no están ahí, a pesar de ello, para frustrarnos.No existen antes que nosotros.Están dentro,como dentro está el niño que fuimos y el viejo que seremos,el ser capaz de la mayor traición y de la mayor bondad.Conocer,aspirar a la felicidad,crear belleza y buscar la verdad, incluso sabiendo que nunca conoceremos del todo ni seremos completamente felices ni podremos plasmar la absoluta belleza ni llegaremos lo suficientemente cerca de la verdad, es nuestra tarea de héroes.Pedir lo imposible y vivir en su búsqueda.Este, querámoslo o no, es nuestro poético destino.Si somos sinceros, habremos de reconocer que quien más cerca ha estado de la verdad ha sido siempre la poesía.

¿Qué hago yo ahora?Es tarde, mañana madrugo, tengo aún que recoger la ropa,ordenar mi mesa y hacer la lista de la compra.¿Cómo hago que rimen las naranjas con un kilo de patatas?Respiraré una vez más en ocho tiempos,dejaré negro sobre blanco lo que he escrito y trataré mañana, con legañas en los ojos, de recordarlo.Así sea.

Acuerdos y desacuerdos

La realidad la percibimos a través de los sentidos.Los sentidos no son objetivos.Conclusión:no podemos percibir la realidad objetivamente sino subjetivamente.El asunto se complica al darnos cuenta de que no somos los únicos que percibimos la realidad.Cada uno lo hacemos subjetivamente pero al final mi percepción se ve afectada por la que otros tienen y acabamos aceptando como real aquello en lo que diversas subjetividades coinciden.Esa coincidencia es el acuerdo al que llegamos y que permite que todos tengamos un similar concepto de realidad.Salta a la vista que esto puede facilitar  la comunicación, pero es claro también que la realidad que se describe de esta manera es una realidad artificial.
El instrumento más importante que utilizamos para describir lo que nos rodea es el lenguaje.El lenguaje se sirve de símbolos que tratan de dar una idea cabal de aquello que expresan.Otra vez nos encontramos con la comunicación como único medio posible de llegar a un acuerdo sobre la descripción de los fenómenos que nos rodean.
Si lo dicho hasta aquí es así, los problemas que se plantean no tienen fácil solución: ¿es posible, entonces, un conocimiento verdadero y objetivo de lo que  hay en el mundo natural?,¿tenemos que contentarnos con ese acuerdo intersubjetivo que permite que nos entendamos y comuniquemos?,¿hemos de aceptar, por tanto, que el acuerdo al que hemos llegado hoy, puede variar en el futuro?,¿es la realidad cambiante según los símbolos que se utilicen para percibirla?…
Los seres humanos vivimos en el tiempo.Este es otro concepto acordado por los hombres para poder entender nuestra existencia.No podemos concebir la realidad fuera del tiempo.Si éste no existe y la realidad natural no podemos conocerla, ¿qué nos queda?.
Los caminos seguidos a lo largo del tiempo han sido fundamentalmente dos:ciencia y religión. La segunda es sabido que ha optado por revelaciones y dogmas que no son alcanzables por medio de la razón sino por el de la fe.La primera se ha afanado en basar la descripción del mundo apoyándose en la lógica y la razón.Si somos estrictos tampoco la ciencia garantiza el real conocimiento pues no puede evadirse de las percepciones,que por definición son subjetivas.Incluso en el mundo de la ciencia hace falta acuerdos para dar algo como válido.Nunca salimos del atolladero.Parece que existe algo real más allá de nuestra percepción y del tiempo que nunca podremos conocer pues los instrumentos que utilizamos para ello se situan en el tiempo y son necesáriamente subjetivos.Curiosa especie la nuestra , que a pesar de todo, sigue empeñándose en alcanzar lo inalcanzable.Esta peculiaridad de la que hablamos es la  que nos ha ido alejando del mundo natural y nos ha adentrado en el mundo simbólico.Este último por contra, nos ha llevado a intentar conocer la realidad.Los que permanecen inmersos en el mundo natural no son conscientes de ello y no sienten necesidad de conocer.No evolucionan.La especie que gracias al símbolo, lenguaje y pensamiento fue capaz de ser consciente de su existencia no puede por contra alcanzar el verdadero conocimiento.Sólo queda ante nosotros la posibilidad de describir la realidad social. Esa es la que constantemente tratamos de conocer y para ello sólo ha sido posible basarse en los acuerdos.
En este campo ninguno de los acuerdos a los que se han llegado puede ser tenido por definitivo,inclusive en la ciencia.La historia nos demuestra a las claras esto.Todo lo que en un momento dado fue considerado como cierto se ha desmoronado después con otro acuerdo por mucho que se haya querido disfrazar de verdad objetiva y perenne.Parece,así, que todo es relativo.¿Tiene esto demasiada importancia?Depende de cual sea nuestro objetivo.Si lo que queremos es lograr una descripción objetiva y fuera del tiempo del mundo natural, lo tenemos bastante complicado.Por el contrario, si lo que buscamos es asentar una realidad social en la que lo símbólico tenga  vida propia y nos permita el desarrollo de las capacidades humanas encaminadas a lograr un acuerdo en el que conceptos como libertad y justicia sean aceptados como la única base posible en la que pueda descansar nuestra existencia, lo relativo de nuestros conocimientos del mundo natural pasaría a estar en un segundo plano.

El ser humano ha alterado el orden natural de las cosas, queriendo  o sin querer, ésta ha sido su gran proeza.Una civilización que situa a la libertad por encima de la felicidad, que no abandona nunca el ansia de conocimiento, sabiendo incluso lo iluso de su tarea,que considera la voluntad individual como indispensable para conseguir acuerdos y que es capaz de crear los intrumentos necesarios para lograr que se de la comunicación es, vista así,sin bajar a lo particular,algo grande.La experiencia acumulada nos demuestra que hemos de abandonar vanas seguridades  y lanzarnos en pos de un mundo en el que aquél que piense diferente no sea tachado de loco.Lo mismo que hemos de aceptar que los conocimientos del mundo natural no son objetivos pero a pesar de ello aceptamos el método científico como medio de mejorar  nuestra comprensión del entorno, hemos también de basar nuestra mejora y conocimiento de la realidad social en los acuerdos, aceptando que la comunicación sólo se da cuando hay libertad.La libertad nos puede llevar a la equivocación, ese es el precio que pagamos. Lo debemos hacer gustosamente.

Un mundo feliz

Todos queremos ser felices.En ello, se supone, ponemos todo nuestro empeño.¿En qué consiste eso de la felicidad? Si todos anhelamos lo mismo, sería lógico pensar que deberíamos estar de acuerdo en el objetivo.En realidad no vale decir ” quiero ser feliz”.Tendríamos que especificar qué es eso que tanto deseamos.

Empezamos mal, hay tantas definiciones de felicidad como personas.Veamos el otro aspecto de la cuestión:¿qué método utilizamos para lograr nuestro objetivo?No hemos hecho más que empeorar la situación.Los métodos parecen también infinitos.

La conclusión,en principio, es desalentadora.Buscamos algo que no sabemos bien en qué consiste y no conocemos un método seguro para lograrlo.

Unos quieren satisfacer todas sus necesidades, otros no quieren tener ninguna.Hay a quienes les gustaría detener el tiempo en un momento preciso y quedarse en él eternamente.

Seamos más profundos.Los pesimistas, representados por la moral cristiana, por ejemplo, consideran este mundo un valle de lágrimas y posponen el colmar sus anhelos de felicidad para otro mundo, aquél en el que todo será maravilloso. Mientras tanto resignación y a fastidiarse aquí durante ochenta, noventa o incluso cien años.

Los cínicos, con cierto sabor a posmodernismo, defienden el disfrute instantáneo del momento.Piensan, y de momento no les falta razón, que todos los intentos por conseguir un mundo feliz han fracasado. Su conclusión es que esto demuestra que hablar de felicidad en la tierra es una entelequia y por eso ponen todos sus esfuerzos en pasarlo bien, sin importar el mañana. Para disfrutar de este modo hay que estar  preparado y por eso vivimos en una época en la que el cuerpo manda sobre el espíritu.El cuerpo pide satisfacción inmediata, el espíritu una transformación de la realidad que posibilite otro escenario posible.

Los prácticos no piensan mudho. Aceptan las cosas como son(¿?). Nacen, crecen, trabajan, se reproducen y mueren.Suelen buscar su felicidad en los logros materiales obtenidos. El sumum sería una visa oro sin límite de crédito.Los tontos leen “Un mundo felz” y no lo entienden, consumen como posesos libros de autoayuda y hacen colecciones, muchas colecciones.

La clasificación, caprichosa, como casi todas, podría extenderse hasta límites insospechados.Podemos resumir estas clasificaciones en dos tipos: por un lado los que quieren darle la vuelta al mundo como a un calcetín, como condición indispensable y los que han hecho del carpe diem el norte de sus vidas. Por otro, y no son excluyentes,los que buscan la felicidad fuera de ellos y los que la buscan dentro de sí.

Para el común de los mortales la felicidad no depende sólo de uno mismo. Ahí está la trampa. Por mucho que uno se esfuerce, al final, si las hadas están en su contra, y las hadas en este caso suelen ser muy terrenales: salud, dinero  y amor (póngase en el orden que se quiera), no hemos conseguido casi nada.Para alguna excepción aislada, la vida interior, la introspección, la meditación y la calma son la receta de la felicidad. Todos solemos admirarlos, pero no queremos ser ni vivir como ellos.

Entonces ¿qué?, ¿todo depende del azar?,¿es posible ser feliz?,¿será tal vez que los absolutos son inalcanzables?,¿serán sólo productos artificiales creados por el lenguaje?

De la misma manera que es dificil de aceptar que haya alguien intrínsecamente bueno,objetivamente bello, o perdidamente malo, tal vez no exista nadie plenamentre feliz.

¿Qué hacemos mientras tanto?,¿seguimos luchando por transformar el mundo radicalmente o aceptamos nuestra incapacidad de ser felices? También existe la vía del medio, que es la que la mayoría utiliza: tomarse una copa de champán helado en una bonita terraza rodeada de flores y árboles un rosado atardecer en compañia de buenos amigos.Hablando, eso sí, filosóficamente sobre la felicidad.

El mundo ha ido evolucionando a lo largo de los siglos.Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos,que hoy vive más cantidad de gente mejor que hace, por ejemplo, mil años, que la situación de la mitad de la humanidad (las mujeres) es en la actualidad mucho mejor que en el pasado, que el desarrollo tecnológico ha facilitado y hecho más cómoda nuestra existencia, que los avances científicos han mejorado nuestra calidad de vida, que las personas viven más años, que la cultura y la educación se han extendido por nuchas partes del planeta, que la posibilidad de comunicación es enormemente mayor que en  el pasado, que hay más seres humanos que viven en democracia, que la participación ciudadana en la vida pública nunca fue tan grande como ahora, que hay mayor libertad en todos los sentidos. Podemos decir, en fin, que en este cesto actual hay más mimbres que nunca para poder desarrollarnos como personas.

¿Podemos decir, sin embargo, que somos más felices que nuestros antepasados?

P.D.: El gran error de base es considerar la felicidad como un objetivo.

Vivir y competir

Lo peor de haber sido feliz es estar recordándolo  constántemente. Lo peor de ser feliz es estar siempre con miedo a no serlo. Lo mejor de no haber sido feliz es que no hay nada que recordar. Si no hay nada que recordar, no hay nada que lamentar, y, si nada lamentamos, seremos felices sin saberlo, que es la única manera de serlo, como muchos niños y algunos locos nos demuestran.

Probablemente, esto no es más que un juego de palabras. Lo que si defiendo seriamente es que a veces es esencial no querer algo para lograrlo.Los empeños, las metas, los objetivos son muchas veces vallas, no acicates en un camino que debería ser llano.Si tuviéramos que ser conscientes de que respiramos, la tranquilidad que produce la respiración se transformaría en angustía.Si para escribir un libro pensamos en venderlo nunca escribiremos el libro que queríamos.Si buscamos amigos o pareja acabamos no siendo nosotros quien lo hace sino un actor que nos interpreta.

Una de las cosas más terribles de la época que nos ha tocado vivir es esa mentalidad empresarial que ha inundado nuestra vida cotidiana.Todo son objetivos a lograr ,metas que superar y, tristemente, competiciones que ganar.Quien no gana no mama.Desde  el colegio nos inundan con objetivos, procedimientos,calidades,calificaciones y competiciones.Nuestra vida laboral nos obliga a mirar de reojo a quien viene detrás.I+D+I, Q de oro, Q de plata, excelencia,calidad de calidades.Los incentivos son la zanahoria tras la cual corremos.Y,¡vaya zanahoria! , en el mejor de los casos todo se reduce a un viaje  a Canarias con todos los gastos pagados y pulsera VIP para no salir nunca del hotel y así poder hablar con los colegas de los objetivos del próximo año.

La competitividad es uno de los mayores y más peligrosos venenos que existen.Si alguien nos muestra un antídoto, el sistema ,maquinaria perfectamente engrasada,se encarga rápidamente de eliminarlo.Se lo considera un daño colateral.¡Qué bonita expresión! Sonando tan bien no puede ser nada malo.Cerrando ojos y oidos, seguimos hacia delante.Pasa la vida como pasa la corriente y de repente nos morimos.¡Ah! la muerte, la única certeza que conocemos. En vez de aceptarla, la ignoramos.Así nos luce el pelo.

Pensamientos para Violeta

A pesar de todas las cualidades que te adornan,concluyes manifestándote incapaz de ser feliz.Si uno se pregunta en quë consiste la felicidad se ve rápidamente en un callejón sin salida.Por muchas definiciones que nos planteemos, ninguna se nos muestra satisfactoria.Para muchos  la felicidad es una entelequia.Para otros sólo se atisba la felicidad en unos pocos momentos puntuales de la existencia.Si uno se pregunta ¿soy feliz? y la respuesta se la da a si mismo, sin pensar que otros la escuchan, admitamos que prácticamente siempre la respuesta será negativa.¿Significa esto que todos somos infelices? No.Los valores absolutos  dificilmente se pueden responder con monosílabos.Siempre necesitamos algo más, o dicho de otro modo,siempre echamos algo en falta.La solución pasaría por no necesitar nada en absoluto.Y esto ,que sepamos,o es otra entelequia, o solo lo han conseguido unos pocos iluminados.Curiosamente cuando  nos hablan de la felicidad de estos últimos, no la queremos para nosotros.No somos capaces de concebir una vida sin objetivos, sin necesidades que cubrir, y,tistemente,sin ambiciones.
La ambición es un arma de doble filo que siempre termina cortándonos.
Lo importante es darnos cuenta de que lo contrario de la ambición no es el conformismo o la abulia, sino la satisfacción.En este estado de cosas lo único que me queda por decirte es que lo más cercano  a la satisfacción y por ende a la felicidad es algo tan cabal como ser consecuente con uno mismo.Es una cuestión de dignidad.

Por ahí se empieza.