Hoy me han puesto gafas

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Hoy me han puesto gafas, para leer, y recuerdo las millones de palabras que han devorado ávidos mis fatigados ojos.Vienen a mi retina los títulos gastados por el tiempo, la tinta negra, la hoja en blanco.

Hoy me han puesto gafas y he pensado en ese tiempo que se escapa, en mi abuelo que dejó las suyas sobre la mesa antes de marcharse. No acierto a ponérmelas.Permanecen guardadas en mi maleta. Cuando me acuerdo, las saco de su funda, las miro y no me hago a la idea.Yo, que siempre me las daba de lince entre los linces, que de niño asombraba a mis compañeros de clase adivinando desde la ventana del aula la hora en el reloj de la lejana iglesia.

Hoy me han puesto gafas y  miro la pantalla del ordenador más blanca, más grande y distinta.Quiero pensar que mi aspecto es más interesante. Me miro en el espejo y trato de creerme a mí mismo. Me descubro intentando poner cara de consumado lector, de incansable escritor. Me miro a escondidas, sin que nadie me vea. Ante mí desfilan las gafas de otros rostros.

Hoy me han puesto gafas y pienso en Sábato y su horror por la ceguera y pienso en Borges y en su ceguera y pienso en mí imaginándome en un mundo sin palabras. Me veo tocando un libro, pasando sus hojas sin poder leer nada. Ese mundo horrible sin luz y sin letras hace asomar al miedo por mi espalda.

Hoy me han puesto gafas  y echo la culpa a mi mente desbocada. A ese demonio que vive dentro de mí y que cuando cierro los ojos aparece, saca sus uñas y me rasga el alma. Tengo visiones como Goya y sus horrores. Quiero escapar y no puedo.Pienso entonces en la luz y en los colores, en las palabras que no se lleva el tiempo. Con ellos llega el sosiego.

Hoy me han puesto gafas y pienso que los años que me quedan pueden ser menos que los ya vividos, los libros por leer menos que los leídos. No quiero un futuro lleno de pasado, no quiero que el tiempo avance vertiginoso hacia atrás.

Hoy me han puesto gafas, ¿y qué? Estoy más guapo, parezco un hombre curtido y escondo tras los cristales todo lo que mis ojos han visto. Sonrisa y recuerdo. Recuerdo y sonrisa.

Hoy me han puesto gafas y no las he usado. Me daba vergüenza que me vieran con ellas, no quería ser el centro de las miradas.Ahora,solo y de noche, sentado ante esta ventana me las pongo, me las quito, muerdo suavemente su patilla izquierda y pienso detenido. Quiero escribir y no sé sobre qué. Pasan unos segundos, las palabras se empiezan a agolpar en mi mente. Ya está, me digo y empiezo:

Hoy me han puesto gafas…

Escritura automática

La ventana está cerrada.Agua, granizo y viento pugnan por entrar.La primavera no quiere acordarse de mí.Mis manos, entumecidas por el frío de la calle, van recuperando el color y el calor gracias a las teclas que pulso con las yemas de mis dedos.Su sonido me tranquiliza, me relaja.Las palabras surgen de la nada, son más veloces que mi pensamiento.No sé a dónde quieren ir a parar.Tampoco me importa.Me gusta ver cómo las letras se van combinando hasta formar nombres, ideas y conceptos que poco a poco logro desentrañar.No sé lo que voy a escribir a continuación.Ellas,con vida propia,van creando  un río negro sobre un lecho blanco.A veces juego a intentar no pensar en nada y comprobar qué es lo primero que se me ocurre.Es un juego sorprendente.Un recuerdo,una persona o un lugar aparece ante ti, sin que tú lo hayas llamado.Todo está dentro de nosotros.Es inútil preguntarse por qué ese recuerdo y no otro  se nos presenta sin razón aparente.Tal vez no habíamos pensado en ello desde hacía muchísimo tiempo.Pero ahí está.Revelándose.Voy a hacer lo mismo ahora, no hay trampa, lo prometo.Viene a mi memoria un día frío como hoy.Yo estoy en la vieja casa de mis padres.Abro el armario del pasillo donde tenía guardados mis juguetes.Me veo allí, rebuscando entre cajas y muñecos.Afilo más el recuerdo y , ahora sí, veo con claridad un fuerte  donde en vez de soldados había vaqueros que siempre eran atacados por indios multicolores.Me veo a mí mismo llevando mi fuerte junto a la ventana y allí, preparando por enésima vez la misma batalla.Yo sabía quién iba a ganar.Siempre triunfaban los mismos.Eso no era lo importante.Lo que ahora recuerdo, lo que veo con claridad transparente es la capacidad de mi yo niño creando un espacio impenetrable al que durante un rato nada afectaba.No había ya alfombra en el suelo. En su lugar rocas y arena componían el paisaje por el que los indios llegaban por sorpresa y al ataque.No había dolor aunque todos se disparaban y morían.No había tristeza.Solo ensimismamiento y el tiempo que volaba a través del tiempo.¿Será así el Dios que juega con nosotros? Para él no existe el tiempo y nuestras penas le son ajenas.Juega,crea, imagina y permanece ensimismado contemplando la tragedia que una y otra vez se repite.No sirve de nada que le gritemos, que mostremos nuestras heridas o que nos rebelemos.Él está en su mundo,jugando.Tan cerca y tan lejos como yo lo estaba del indio que herido de muerte caía del caballo sobre la alfombra-desierto.

Está oscureciendo,enciendo la luz.Me gusta más mi casa  con esta luz amarilla.Mis dedos se agitan indecisos sobre el teclado.Toco la mesa blanca y percibo lo agradable de tocar cuando uno está concentrado.La madera es más madera.La sensación permanece y todo acaba allí.No hay nada más que piel y madera.Me voy por las ramas.Vuelvo a jugar.Busco mi carpeta de música y  abro al azar un archivo.Billie Holiday canta desde el alma llenando con su voz  el tiempo y el espacio.Pienso en su trágica vida y entiendo por qué canta como canta.¿Por qué hace falta tanto sufrimiento?Yo, como Dios, me olvido, y disfruto escuchándola.Música, luz amarilla, madera blanca y el sonido de las teclas que al fondo me recuerdan  que lo único que tengo son palabras.Las miro, una y otra vez las miro y me asombro del milagro de que siempre digan algo.Tal vez no lo mismo para mí que para tí, pero siempre algo.

Pienso ahora en el día que ha pasado.Veo lluvia, una clase escuchándome, una reunión en la otra punta de la ciudad.El taxista que no me hablaba.Yo, agradecido, escuchaba con él las noticias en la radio.Todo me resultaba lejano.Al pasar junto al mar, he visto las olas gritar, todo espuma, todo gris.Al mediodía comida con los compañeros de trabajo y otra reunión por la tarde.Hablábamos de ellos, los alumnos, como siempre, y de qué podíamos hacer para ayudarles.En las caras se veía cansancio.Tanto esfuerzo para tan poca recompensa.Discusiones, risas y alguna que otra cara larga. Más tarde cuando me he quedado solo,me he sentado a mi mesa de trabajo.Una selva de papeles la inundaba.He tratado de poner orden en ese caos de notas,avisos, apuntes, libros y cuadernos.He mirado el correo, he contestado lo urgente y al fin he dicho: es suficiente.He salido a la calle desierta y he sentido el frío por todas partes.Lo que más me alegra es seguir sintiendo prisa por llegar a casa.Imaginar que allí dentro todo es cordura, que hay risas esperándome.Salir de casa para volver a entrar.Merece la pena.

Ahora, después de cenar, estoy aquí sentado, mirando las teclas y la pantalla.Queriendo que las palabras expresen por sí solas lo que se agita en mi cabeza.La ventana está cerrada.Agua, lluvia y granizo pugnan por entrar.Yo contento de estar aquí adentro.Robo  horas al sueño, no quiero perderme estos momentos.Mañana es viernes y Billie canta otra vez.


Trece de enero

Siempre que recuerdo aquel día suena Para Elisa. Me veo a mí mismo sentado al piano practicando monótonas escalas.Estudiar música es aburrido.Más aún para un principiante.Para Elisa era mi máxima proeza.Mis dedos luchaban con las teclas cuando, molesto como siempre, sonó el teléfono.Una voz, seca y contundente, me comunicó que mi hermano había tenido un accidente.La partitura quedó muda en el piano y yo salí corriendo hacia el hospital.En el camino, mi padre  a mi lado, no hablamos.¿Qué decir cuando todo se agolpa en la cabeza?Verborrea o silencio. Los dos optamos por lo segundo.Y por el miedo.

Lo encontramos en una pequeña sala, tumbado en una camilla.Los médicos lo examinaban y él, nervioso, sonrió levemente al vernos.Quiero dormir,quiero cerrar los ojos,decía.Un médico nos explicó que al caer de la moto se había golpeado la cabeza. Le habían suministrado un tranquilizante y al tratarse de la cabeza quedaría en observación.La buena notica era que no le habían encontrado nada preocupante.Se trataba, simplemente, de una cuestión de precaución. Aliviados nos acercamos a él y le tranquilizamos.Yo decidí pasar la noche a su lado. Mi padre volvió a casa junto a mi madre.Lo llevaron a una habitación, estaba solo. Me senté junto a la cama y lo observé dormir durante un rato.¡Qué indefensa parece la gente cuando duerme!¡Qué rato me has hecho pasar hermano!Míranos. Tú tan tranquilo durmiendo y yo aquí, sentado, con toda la noche por delante.No tenía más que mis pensamientos para pasar el tiempo. Pensé y recordé las recién terminadas navidades.En aquellos días de vacaciones habíamos dejado de ser hermanos para ser amigos.Pasamos largas horas hablando de muchas cosas de las que nunca antes habíamos hablado, y yo sentí, por primera vez, que ya no sólo era mi hermano pequeño.¿Dónde estuvo la frontera?,¿qué pasó que los dos lo vimos tan claro?No lo sé, no tengo la respuesta. El hecho es que entre los dos se abrió un camino nuevo.Recuerdo que me habló de sus amigos,de sus dudas y de lo que imaginaba sería su futuro.Sé, también, aunque no me lo dijera, que estaba orgulloso de estar así conmigo.

Lo miré, dormía plácidamente. Nunca le había observado tan detenidamente.Pude ver en él los rasgos de mi padre.Olvidado el susto inicial, me encontraba bien allí.Era una noche extraña.Fuera del tiempo ordinario.Solos sus sueños y mis pensamientos. Lo sentí cercano.Pasé varias horas en este paréntesis de la vida real.Estaba en otra parte.En una burbuja en la que no contaba el día de ayer ni el día de mañana.

Creo que había cerrado un momento los ojos cuando sentí un ruido. Noté que todo su cuerpo se movía.Una extraña convulsión lo recorría. Me acerqué , tenía los ojos cerrados y como un terrible presagio una espuma rosácea comenzó a salir por su nariz.La burbuja estalló, salí corriendo en busca de ayuda y ya nada volvió a ser como antes.Si recuerdo lo que paso a continuación, veo una sucesión de rápidas imágenes superpuestas:gritos, médicos, carreras,monitores,caras serias…yo allí en el fondo, olvidado,mudo de asombro, incrédulo, lívido de miedo ante lo inesperado.Percibí tensión, urgencia y una voz me pidió que me fuera de allí, que saliera de la habitación.Yo, convertido en un autómata obedecí lentamente y al salir, oí a alguien decir que había que operar a vida o muerte.¿Qué delgada línea separa la vida de la muerte?¿Como pueden los ojos perder la luz en un segundo?

Minutos después, aún tengo grabada la imagen en mi mente,vi como se lo llevaban.Iban deprisa,allí estaba él, inconsciente, le habían rapado la cabeza.Ese cráneo desnudo que le hacía viejo en un instante, se quedó en mí para siempre.Algo había pasado.Una hemorragía inesperada.Sólo quedaba operar y esperar.Detesto esperar. Desde aquel día lo detesto aún más.

Solo en el hospital, perdido y mudo,deambulando por los pasillos,esperando impaciente algo.Avisé a mis padres.Fue terrible ver sus ojos pasmados. Los años echados encima de repente.Ellos lamentando no haber estado presentes, yo consolando lo inconsolable y el tiempo otra vez más detenido, alargando la terrible espera.Oscuras horas en el silencio de la noche, solos en la madrugada de un día de enero.Con el alba llegaron las noticias,la operación había terminado, tenía una inflamación en alguna parte del cerebro,si remitía se salvaría.Nada más podía hacerse.Lo dejaron en cuidados intensivos. Pudimos verle a través de un cristal.Ya no parecía humano.Tubos y más tubos lo conectaban a máquinas parpadeantes.Su cabeza vendada y sus ojos cerrados.Ya no parecía dormido.Parecía más bien un espectro.El cristal que nos separaba dividía el mundo en dos mitades.En una comenzaban  los ruidos y las luces, en la otra, oscuridad y silencio.

En esos momentos uno no sabe qué hacer con las palabras.Suenan huecas, inexpresivas.Tal vez sólo se siente.Se percibe claramente la fragilidad del edificio al que llamamos vida.Todo en un momento desaparece, tragado por el agujero negro  de la muerte.La niebla de las horas que siguieron, el aturdimiento de la mente,el espesor del tiempo que inmóvil mostraba su cara más siniestra y las palabras que traidoras escapaban llenaron el entorno de dolor y negrura.Uno se quiere agarrar a lo inasible y al mismo tiempo siente que se cae por la pendiente terrible del sinsentido y de la nada.No es posible no hacerse preguntas que sabemos  sin respuesta,rogar a un dios desconocido ,clamar contra la injusticia y llorar no solo de dolor sino de rabia.Rabia infinita contra un mundo tenebroso.Venderíamos nuestra alma al diablo por volver el tiempo atrás y desandar lo andado.La vida, en fin, ya no nos merece ningún respeto.

Lo vi por última vez a través del cristal.Traté de ver vida en su cuerpo pero sé que la muerte ya acechaba.Imaginé como sería su vida si ganaba la batalla, pero no vi nada.

Cuando un rato despueś  un médico enfundado en su bata blanca apareció tras una puerta,no me hizo falta escuchar sus palabras para comprender lo que decía.Lo que no pude hacer fue mirar a mis padres a la cara.

Idiotas empedernidos

La maldición de los idiotas como yo es no disfrutar de las cosas a su debido tiempo.Suele ser relativamente normal que lo imaginado o lo soñado supere la realidad.Esto es frecuente.Uno desea algo y vuelca todas sus expectativas en lo por venir y cuando este venir llega, aquellas no se cumplen del todo.Ésta es una situación fácil de entender y que conlleva, a veces, una ligera frustración que no ocasiona serios perjuicios.Los idiotas vamos más lejos.No es la expectativa el problema sino el recuerdo.Me explico: anhelamos algo con fruición, tarda en llegar pero llega, cuando por fin hemos conseguido nuestro objetivo no lo sabemos apreciar en su justa medida, tenemos miedo de que se acabe  justo cuando acaba de empezar, somos incapaces de centrarnos en el momento presente y no nos damos cuenta de lo que tenemos a nuestro alrededor.Cuando ya todo ha terminado y no podemos volver el tiempo atrás, entonces sí, el recuerdo nos hace sufrir por lo que hemos vivido y hemos dejado escapar, al recordar añoramos el pasado y con una herida en el costado sufrimos por aquello que terminó ,dándonos cuenta cuando ya es demasiado tarde de lo bien que estábamos entonces.Esta situación es doblemente negativa puesto que por un lado no disfrutamos del momento y por otro el recuerdo nos llena de una nostalgia abrasadora.Los idiotas como yo prometemos cada vez que nos pasa algo así no caer otra vez en el mismo error. Creemos haber aprendido la lección.Incautos. Advenedizos.A la siguiente oportunidad volvemos a hacer lo mismo.No tenemos solución.

Ejemplos:

Antolín desea fervientemente que llegue el fin de semana para hacer todas aquellas cosas que a diario no puede hacer.El fin de semana dura dos días  para los más afortunados, sábado y domingo.Pues bien, el mejor día del fin de semana para Antolín es el viernes.El sábado ya es demasiado tarde,casi es domingo.Y el domingo como ya es el fin se convierte en el peor día de la semana.El lunes, ya de vuelta al trabajo y a la vida ordinaria recuerda el domingo  envuelto en tonos alegrísimos y añora lo que no supo disfrutar en el momento. Conclusión: Del fin de semana sólo disfrutó algo de la expectativa y sufre humillantemente con el recuerdo.Antolín indudablemente es un idiota.

Mari Puri lleva esperando acudir a una fiesta durante meses.Todo lo tiene planeado: la ropa, el peinado, con quién irá.Llega el día D. Mari Puri pasa la jornada pendiente de que no se le mueva el flequillo.Los zapatos le aprietan y no soporta llevar esos infinitos tacones.Su compañero bebe demasiado y resulta ser un pelmazo y Federica ha tenido la desfachatez de presentarse con una blusa igual a la suya.El peinado, los tacones y la blusa de Federica han arruinado su gran día. El lunes en la oficina Mari Puri recordará cuánto rió, la gente que conoció y lo mucho que disfrutó bailando.Su amigo en vez de borrachoo se le figura gracioso y no tiene duda de que la blusa le sentaba mucho mejor a ella que a la pesada de Federica.Conclusión: Mari Puri es terriblemente idiota.

Edelmiro está ansioso por ir a ver a su pequeña hija en la actuación de ballet que tanto tiempo lleva preparando.Hace incluso cambios en los turnos de su fábrica para no perdérselo.El teatro está a rebosar.Edelmiro, de tanto esperar ya siente pena por que aquello se acabe. Por eso toma una decisión inteligente:grabará la actuación en vídeo para guardar ese momento para la posteridad. A partir de ese momento Edelmiro no se entera de nada. Se convierte en un idiota con cara de idiota con el ojo pegado  a la  cámara de vídeo.Su hija baila como un ángel, pero eso a él no le preocupa ahora. Toda su atención está en el encuadre que tiene que hacer y en el control del sonido.Ya tendrá tiempo más adelante para ver la actuación tranquilamente en su casa.Recordará entoncés con nostalgia el tiempo que se fue y que no disfrutó.

Florentina sabe que tiene que habar con él y decirle lo que piensa.Imagina una y mil veces cómo será el encuentro.Ha ensayado a conciencia todo lo que dirá, no quiere que nada quede en el tintero.Sólo le falta encontrar el momento adecuado.Como no quiere echarlo todo a perder lo va posponiendo constantemente.Al final su juego consiste en imaginar y no en vivir.Cada día, cuando se acuesta, cierra los ojos y representa en su imaginación la escena que tendrá lugar cuando llegue el momento oportuno.Un buen día él se le acerca y la invita a cenar.Florentina, sorprendida,eso no estaba en su guión imaginado, se comporta como una auténtica idiota y sin saber por qué rechaza la invitación.La ha tomado por sorpresa.Más tarde recordaŕa este momento como único y lamentará su falta de reacción.Eso sí, seguirá buscando la oportunidad para un nuevo acercamiento.Florentina ya peina canas y cuando se acuesta, cierra los ojos y recuerda como el mejor momento de su vida cuando él se acercó tímido y vulnerable donde ella para invitarla a cenar.

La imaginación es saludable. Los recuerdos embellecen lo vivido.Al fin y al cabo lo que nos queda del pasado son recuerdos y esos, los hacemos a nuestra medida.Las expectativas nos pueden hacer disfrutar con antelación de algo que deseamos que pase.El problema de los idiotas como yo es que pasamos de la expectativa al recuerdo sin habernos dado cuenta.Por el camino hemos dejado lo único que de verdad se puede vivir: el presente.Somos como las embarazadas que preparan afanosamente las lecciones preparto y han leido todo lo que se ha publicado sobre el postparto.Olvidan que lo único irrepetible es el propio parto.

Elogio de la ambulancia

Paseaba yo esta tarde por las calles de mi ciudad. A pesar del tráfico y de la gente que apresurada se dirigía a ninguna parte, iba yo ensimismado, escuchando música, no recuerdo qué.De pronto ,un sonido estridente ha acaparado mi atención.Todas las cabezas convergían en un mismo punto.Era una ambulancia que veloz se abría paso entre los coches.Estos se apartaban sin dudarlo para dejarla pasar.Aun con el ruido de la sirena, la calle se ha quedado en silencio. Las conversaciones han cesado y yo he apagado la música.Todos hemos seguido con la mirada la estela de la luz de la ambulancia que a trompicones se alejaba de nosotros.Durante unos segundos,todas nuestras mentes han estado conectadas. Nadie ha dicho nada, no hacía falta.Todos hemos pensado en la persona a la que la ambulancia iba a socorrer.Nos hemos olvidado de nosotros y, sin palabras, hemos comprendido, hemos sentido la fragilidad de la existencia.Los coches que sin dudar se apartaban y abrían camino a la emergencia, la gente que olvidaba sus quehaceres,la compasión que allí nacía, el pensar en otros por un instante, el olvidarnos de nuestros egoistas pesares, el respeto ante la ayuda que se ofrece, la desinteresada mano que se extiende han hecho posible un minuto al menos de lo que el ser humano lleva dentro y no sabe.La fotografía de ese instante, el tiempo congelado en el que todos eramos el pobre herido, el hombre atropellado o la mujer maltratada dicen más de nuestras capacidades que todas las palabras pronunciadas.Un poquito después, pasado ya el silencio y con el ruido otra vez en nuestras venas hemos vuelto a caminar, a pensar en la salida del colegio o en el pan para la cena.

Qué poco dura nuestra entrega, qué fácilmente olvidamos, qué solos nos quedamos cuando pasamos del  corazón a nuestros asuntos.Vivimos aturdidos.Sabemos lo que debemos hacer y no lo hacemos.La anestesia general que la prisa nos provoca, hace que olvidemos que la vida es un instante que nunca recuperaremos.

La ambulancia representa a nuestra conciencia que con su sirena nos recuerda que vivimos en estado de emergencia, que debemos levantar la vista y fijarla en ese punto concreto donde no hay duda y todo es esperanza. La gente que nos rodea somos nosotros vistos desde fuera. El coche que se aparta, la decisión sin duda y la estela de la luz de la sirena, el camino de nuestro destino.

Qué fuerza oponemos a lo que de verdad nos importa. Qué tesón en hacer cosas inútiles. Qué pasión por disfrazar el tiempo con la prisa. Qué oscuro placer obtenemos de vivir para quejarnos. Qué consuelo más estéril el del destino adjudicado.Con qué indiferencia matamos el tiempo.

Cuando pasa la ambulancia comprendemos que ya no es momento para dudas, que se ha de hacer lo que debe hacerse y que lo que tenemos de nada sirve si lo ocultamos. Cuando suena la sirena despierta la conciencia, la palabra no llega a la boca y sin emitir sonido alguno ya sabemos el significado de esas palabras truncadas.Tiempo es de detenernos y decidir lo que de verdad importa. Dejémosnos de preocupar por insignificancias despreciables.El tiempo no lo hemos inventado para perderlo.La vida no puede ser una corbata, ni el pan para hoy y hambre para mañana.

La ambulancia no siempre llega a tiempo. No hay nada más absurdo que una sirena que se abre paso para llegar irremediablemente tarde.

September blue

Hoy es uno de septiembre. He pasado la hoja del calendario y con ese ínfimo gesto han quedado atrás la luz, la calma, el tiempo innecesario y la inconsciencia cotidiana. Ante mí, ahora, una nostalgia que ya siento, de mañanas tranquilas, tardes compartidas y noches solitarias. El verano se agota y con él la esperanza de no vivir en el tiempo.¿Por qué siento cernirse sobre mí tantos días inciertos? Lo peor de haber sido feliz es estar constántemente recordándolo. No quiero salir de mi refugio, no necesito más palabras que las vuestras y no deseo sentir ninguna ausencia.

Salgo a la calle, la lluvia eterna de septiembre va borrando mis pisadas. La piedra gris, las calles maltratadas y un cielo plomizo que me oprime me hacen cerrar los ojos y perderme en los recuerdos y vivir donde el azul, el rojo, el verde y el amarillo me hacen olvidar este insípido mundo incoloro. No quiero más horario que mis ganas, no quiero ruido, no quiero nada. Sí, una cosa sí quiero, perderme en los caminos recorridos, donde tan sólo viven la luz y mis pensamientos.

Miro los libros que he leido, los toco, no los abro para no dejar escapar mi emoción de entre sus páginas. Recuerdo la música escuchada, suena distinto ahora. Todo me habla de otros tiempos, de otras voces y de las estrellas que noche tras noche escudriñaba.

Podría decir que estoy deseperado, que el dolor abrasa mi costado y que dejé atrás todo lo que hace latir con fuerza lo que siento. Podría decirlo y repetirlo hasta creerlo, sentirme de ese modo una fiera enjaulada, un alma atormentada. Pues no, no lo diré porque no es cierto. Tengo hoy lo que tuve ayer, nada ha cambiado. Eso es lo duro. Lo sé y duele saberlo. ¿Cómo puede una simple hoja de calendario, hacerme sentir así, tan derrotado?, ¿por qué yo, que todo lo tengo, me dejo caer de esa altura ensimismada?, ¿de dónde viene, en fin, esa tristeza, ese nudo en el estómago, esa mano firme que con uñas afiladas me hiere las entrañas?, ¿cómo puedo ser tan débil, tan idiota?.

La casa vacía

Y los campos seguirán cuando yo no los mire. Llegará el otoño y caerán las hojas. El día y la noche cambiarán sus papeles. Ya nadie mirará por la ventana. Las campanas, a lo lejos, sonarán, y su eco recorrerá el valle. La penumbra de la tarde iluminará mi alcoba solitaria. El frío se irá adueñando de la casa, poco a poco, lentamente. Nadie se mecerá a la sombra del almendro. La fruta caida y quieta será pasto de gusanos y la puerta de la entrada no aceptará más llave que la mía. El jardín, mustio y silencioso, no oirá voces por la mañana. No habrá ruido de tazas y de platos. El olor del café y del pan tostado no alegrarán nuestras miradas. El tiempo, que yo imagino detenido, devorará implacable tantas horas perdidas. La casa, vacía, dormirá rendida, soñando el día en que vuelva a ser poblada por nuestros pasos, risas y palabras. Mi sombra, mientras tanto, permanecerá a su lado.

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Tristeza y decisiones

PEQUEÑA NIÑA TRISTE

Es Julio. El verano se desparrama en la casa de las cerezas. Janis Joplin canta Little Girl Blue. Me acuerdo de ti. Me siento a la sombra de los chopos. El cielo es azul transparente y los campos amarillos. La brisa quiere que me quede.Se está demasiado bien. Yo sé que no eres feliz. Siéntate mi desgraciada pequeña niña triste. Siéntate conmigo y mira. No dejes que nada te distraiga. Siente la luz que se derrama por todas partes. Paisajes infinitos, marrones, verdes y amarillos, llenan tus ojos de vida pequeña niña triste. ¿Sabes lo bueno de esto? Aquí no hay pasado, tampoco futuro. Vive este momento como el único. No tienes más. Esto es todo. Pero es suficiente. Siéntate aquí conmigo, niña triste. Cierra los ojos, mira y ya no podrás ver nada. Respira el aire que ilumina este lugar. Mi infeliz, desafortunada pequeña niña triste. Sé cómo te sientes.

Ya no te enojes, aunque aprietes los puños ya no habrá más heridas. Lo hecho, hecho está. Delante de ti, la vida, la que tú decidas niña triste. Pero vida nueva, mañana empieza hoy, aquí, sentada conmigo junto al árbol que llora tus lamentos. Deja que se los lleve. Disfruta tú del agua que corre a sus pies, del sol que da vida a la vida y de la luz que a partir de ahora iluminará tu camino. Cuando ya no estés aquí, recuerda este momento y se consciente de que cualquiera puede detener el tiempo, tú también pequeña niña triste.

Cuando el tiempo ya no existe, sólo estás tú. Yo estaré si quieres, pues yo soy la luz, el chopo, el agua, la tierra que pisas, la brisa que respiras y el sol que te alimenta. Vamos pequeña niña triste, sigue adelante. Detrás no queda nada.

 

PACHARÁN Y DECISIONES

Sé que no te gusta mucho hablar de estas cosas. Seré breve. Prefieres la lógica y la retórica. Puedo preguntarte cómo funciona cualquier cosa, qué piensas del mundo y de sus gentes. Puedo discutir contigo de lo divino y de lo humano. Podemos incluso intercambiar nuestros papeles, decir hoy A y mañana B. Lo aburrido es estar de acuerdo. La discusión, el pacharán y sacar punta a nuestras mentes, eso es lo interesante. Puedo, en fin, hablar contigo  de todo pero me cuesta más preguntar cómo te sientes. Hoy lo hago aunque no me contestes.

Quiero que sepas que aquí no hay frentes. No hay buenos ni malos. Quien así lo piense miente. La vida esta hecha de decisiones, de opciones que tomamos. Ellas nos llevan, no por un camino marcado, sino por el que nosotros hacemos, si somos valientes. Tu has elegido, eres el dueño de tu vida y mereces todo el respeto. Sé que también llevas dolor en el costado y por eso aquí me muestro. Para que sepas que nada ha cambiado. La botella de pacharán sigue esperando impaciente.

Mientras tanto tómate tu tiempo, saca fotografías y pasea al amanecer por las calles desiertas. Es cierto también que a los demás la pena  nos embarga. Los cambios dan miedo y los recuerdos hacen dificil aceptar que las cosas puedan ser diferentes. Nos gustaría mantener aquello que tantos buenos momentos nos dio. No es fácil renunciar a un pasado  luminoso y aceptar un futuro que todavía vemos nublado. Ojalá el cielo escampe y que tus decisiones, sean las que sean, permitan mantener lo que ahora tememos perder.

Vacaciones y vocaciones

Pensaba colgar el cartel de cerrado por vacaciones en el blog y dedicarme a otros menesteres en el lugar donde ahora me refugio. Resulta, sin embargo, que este tiempo suspendido en el que me encuentro y la absoluta calma que me rodea invitan a ver la vida pasar y comentarla.

Las vacaciones hay dos maneras de vivirlas: una va acompañada del conocido síndrome de aprovecha todos los minutos del día que ya queda poco para volver  que suele traer consigo un mayor estrés al regresar a casa del que sufríamos al salir.Este tipo de vacaciones nunca se parece al tipo de vida que nos gustaría llevar durante todo el año. Queremos vivir lo que imaginanos como un lujo y la obsesión es ver, conocer, hacer ,comer, beber en unos días lo que no seríamos capaces de apreciar ni digerir en años.Esto no son vacaciones.Son otra cosa, no sé qué, bueno sí, pero me lo callo. Cuando la victima de este desaguisado es un persona que no dispone de medios ni tiempo suficiente para disfrutar de su merecido descanso, podemos comprender que el mercado le deja muy pocas opciones. Al disponer sólo de unos pocos días es normal caer en la tentantación de intentar exprimirlos al máximo. El resultado suele ser decepcionante en lo más íntimo. Hay que ser valiente para admitirlo. Eso no suele ocurrir, y al volver a casa y al trabajo se cuentan maravillas de lo que quizá pudo haber sido pero que en la realidad no fue. Esto nos lo callamos e incluso a veces lo olvidamos. La capacidad del ser humano para creerse lo que inventa nunca dejará de asombrarme. Eso sí, los que disponiendo de todos los medios a su alcance eligen ir a disfrutar de sus días de asueto a un hotel entre rejas y esposados a una pulsera de colores que les da derecho a untodoincluido(¿?) ,juro que no los entiendo.Eso por decir algo suave. El resumen de sus vacaciones suele ser la calidad o no del buffet o la disputa sobre si con la pulsera de marras podían tomar daikiris o no.

El otro tipo de vacaciones es aquel en el que el tiempo se detiene, se suspende y lo importante es estar, ser, existir y descubrir una forma de vida, donde sentimos que respiramos y aprendemos cosas tan sencillas como el color del cielo o el olor de la tierra tras una tormenta. Reparamos en que leer no es algo que se hace para conciliar el sueño, que la televisión puede estar apagada y que es imposible conocer Italia en una semana. Son vacaciones en las que podemos dar un corte de mangas a los touroperadores y a las agencias de viajes y en la que nos pondremos una pulsera, si queremos, comprada en el último mercadillo del pueblo más ignoto.Si tenemos la suerte de disfrutar de esta experiencia, nos daremos cuenta de que vivir en paz con uno mismo es posible y querremos ese tipo de vida para siempre; por natural, no por extraordinaria. Aquí viene el problema. Este es el verdadero peligro de experencias que nos hacen encontrarnos a nosotros mismos.No podemos quedarnos colgados, enganchados y añorando el resto del año unos momentos estelares. Si nos hemos encontrado, no podemos perdernos.Encontrarse a uno es para siempre.Lo que tendríamos que hacer es ser valientes y luchar por conseguir transformarnos nosotros y con nosotros nuestra vida.

Tiempo, espacio y silencio

Vivimos, algunos, en la llamada sociedad del bienestar. A pesar de ello, se hace cada vez más necesario  hacer un alto y replantearse qué significa este concepto. Por un lado estamos alcanzando la más altas cotas de desarrollo (sostenible, no parece, pero para nosotros desarrollo, los demás que arreen, así somos de solidarios), pero por otro, estamos pagando un precio que además de alto es ridículo y paradójico. No estoy hablando de injusticias sociales, ni de comparaciones entre países o zonas del planeta, hoy no. Me refiero más bien,  a que el tan manido bienestar que nos inunda, está ahogando conceptos que deberían ser considerados necesarios en un mundo desarrollado y que se precie de tal nombre.

Me explico: El bienestar social debería permitir que las condiciones que hacen que nuestra vida sea mejor, de más calidad, destacasen sobre todas los demás. Esto, triste y otra vez paradójicamente sucede cada vez menos. Podemos poner varios ejemplos:

Espacio: Los habitantes de las ciudades cada vez disponen de menos espacio para si mismos. Las casas son en la mayoría de los casos pequeñas, por no decir diminutas e impiden que una familia media disfrute  de los metros cuadrados necesarios para una convivencia digna de tal nombre. La intimidad es algo que ya solo existe en la literatura, y además de pedir turno para ir al baño hay que decidir a cada momento si se habla o se ve la televisión. Plantearse la elección de comer o cenar en la cocina o en el salón sólo está al alcance de unos pocos. Tener una mesa de trabajo, no digamos una habitación, sólo es posible en  nuestra imaginación. (Si Virginia Woolf levantara la cabeza).Tener, en definitiva, un espacio propio,  no en el sentido de propiedad sino para nosotros ha llegado a ser una quimera. Que esto suceda en la cacareada sociedad del bienestar tiene su gracia.

Tiempo:Cuando realmente hay necesidades básicas que cubrir, es necesario trabajar donde y cuanto sea para poder hacerles frente. Ahí no hay elección posible y la situación nos obliga a aceptar nuestro duro destino. Los afortunados habitantes de países ricos tendrían que trabajar no sólo para comprar cosas sino para comprar tiempo. Tiempo libre, para nosotros. La Unión Europea anda estos días discutiendo sobre la posibilidad de aumentar la jornada de trabajo máxima semanal hasta las sesenta o sesenta y cinco horas. No, no estoy de broma. Vivir para ver. A eso le llaman progreso. La mayoría de la gente ocupa el tiempo libre de que dispone en tareas inútiles, principalmente relacionadas con el consumo. En una encuesta realizada entre niños de seis a diez años se les preguntaba cuál era su lugar favorito para divertirse. Yo al leerla, ingenuamente pensaba en parques de atracciones, playas o piscinas, deportes, excursiones….,cual no fue mi sorpresa cuando vi que mayoritariamente escogían los centros comerciales como su paraiso para pasar una tarde de sábado o de domingo. Como dicen los elocuentes entrenadores de fútbol:no comment. Podría seguir dando más ejemplos pero me quedaré sólo con uno más: el preciado tiempo libre que se consigue con el duro trabajo es pasado en gran parte de los casos viendo la televisión, de plasma sí, pero televisión al fin y al cabo.

Silencio:¿Qué es eso?, ¿De qué habla este loco? El silencio no existe. Vayamos donde vayamos nos acompaña el ruido.Ocho de la mañana, un bar ,tres clientes y un camarero.Los clientes desayunan adormilados más tristes que alegres pensando en la oficina o en cómo vender el producto estrella de su empresa a incautos compradores. El camarero, atento, enciende el equipo de música, la radio y la televisión a la vez. El local es inundado por  preciosas melodías y por la voz de la presentadora del ameno concurso televisivo a la que sólo hace caso ,cómo no , el camarero. Domingo, al alba, hemos hecho el esfuerzo de madrugar para disfrutar de la naturaleza con un agradable paseo por el campo. Boquiabiertos nos quedamos cuando el sendero, otrora inundado por flores y extraños insectos está ahora colapsado por motoristas de trial y viandantes de transirtor en mano. En las casas siempre hay algún aparato encendido, aunque nadie lo vea o escuche. Nos hace compañía. Hemos llegado a tal punto que cuando por milagro se produce un silencio, sea donde sea, pensamos que algo grave está pasando.

Tiempo, espacio y silencio se han convertido en lujos en el país de los lujos.La renta per cápita sube.Las familias tienen dos coches, cuatro televisiones,cinco préstamos y treinta y cinco letras que pagar todos los meses.Trabajamos para pagar lo que debemos, vemos la televisión para olvidar nuestro trabajo y el tiempo libre lo dedicamos a comprar más cosas que nos obligarán a trabajar más para poder pagarlas.

Estamos tan domesticados, que la perspectiva de tener nuestro propio espacio, en el cual sólo mandemos nosotros, en el que podamos estar solos y en silencio, nos aterra.El tiempo lo usamos para olvidar el tiempo o como vulgarmente se dice para matarlo. Mientras tanto comentamos cariacontecidos al vecino del tercero en el ascensor que si el euribor sube una décima más habrá que ir pensando en buscar un trabajo extra para poder hacer frente al pago de las letras por el recogemigas bañado en oro y la estación de planchado (sic) que anoche compramos en la teletienda.Dichoso insomnio.